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Buscando Sueños

Esta mañana he recibido un mail que me ha hecho especial ilusión. Se trata de una carta sincera de una niña de 14 años que me escribe desde México. Ha encontrado mi blog porque en el colegio va a hacer una antología sobre SUEÑOS, y navegando por internet se topó con SUEÑOS “DISPARATE”. Me he sentido muy halagada porque quiere incluir varios de mis post en su trabajo. Pero lo que más me ha emocionado es la ilusión, la inocencia con la que me ha contado que su pasión es escribir y que dentro de unos años quiere estudiar periodismo. Me pide con la mayor de las humildades que lea alguno de sus textos, y además lo hace con un respeto que no encuentro normalmente en adolescentes de su edad.

No he podido evitar acordarme de cuando yo tenía su edad y sentía lo mismo. Siempre tuve claro que estudiaría periodismo, no me planteé otra opción, y escribir fue siempre una pasión, un sueño. Hoy Marta Tiana me lo ha vuelto a recordar, gracias.

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El tiovivo mágico

Podría haber acudido a Internet y, en un momento, buscar una definición más concreta y real de lo que es exactamente un círculo y si es finito o infinito y si los puntos que lo forman son, qué se yo, finitos o infinitos. Pero quería explicarme de una manera digamos más honesta, más infantil, porque en cuestiones matemáticas y espacio temporales mi cerebro sigue siendo el de una niña de cinco años. De esta manera podréis entender cómo percibe mi mente el hecho de dar vueltas sin parar sobre un círculo, haciendo paradas en todos los puntos posibles. Lo percibo como si hubiera estado montada en un tiovivo que se convierte en un laberinto: un tiovivo mágico.

Si el caballito de madera donde estoy sentada comienza a moverse, le doy la espalda al Sol, y comienzo a sentir mucho frío. Y con el frío me transformo en otra persona; ahora soy un adolescente (un, no una) rebelde, fuerte, como mis personajes literarios preferidos: Huckleberry Finn, Kafka Tamura, Holden Caulfield… El caballito sigue dando vueltas, y me dispongo a volver mi cara hacia el Sol. Pero como el tiovivo es un laberinto,  no un círculo perfecto de puntos infinitos o finitos, el caballito se pierde. Vuelvo a ser yo, pero más temeraria de lo que me muestro normalmente, y a lomos de mi valiente corcel, entro en una sala llena de espejos y los rompo todos. Salimos sin un rasguño, mi caballito y yo.

El tiovivo sigue su curso, no me da tiempo a coger “carrerilla”, porque casi sin darme cuenta, buscando una salida al laberinto que en realidad es volver al mismo punto de partida, estoy de nuevo en un cruce de caminos. Y en esta ocasión es un cruce de caminos de verdad: al Este multitud de objetos, al Oeste todos los pensamientos, al Norte palabras encadenadas y en el Sur se encuentran los recuerdos. Mi caballo, que ahora sabe hablar, me dice: “Da igual el camino que escojas, todos te llevan al mismo lugar”.

Podríais pensar que en este sueño se simboliza el “círculo” de la vida, se analiza la antítesis del concepto del paso del tiempo, y le doy una explicación filosófica y metafísica a mis sueños. Pero… olvidaos de todo eso, he soñado que daba vueltas en un tiovivo, y el mareo me ha durado hasta que he podido probar el brebaje mágico de las mañanas: un café bien cargado.

Sueños relacionados:

Personajes rebeldes, autores desconcertados.

Vuelvo a Nueva York (in my mind).


El diario de los horrores

Esta noche he retrocedido trece años en mi vida. Me he ido al periódico donde hice prácticas durante un año entero, en el 99. Trabajé en el ABC porque cursé un Máster de Periodismo. Y hoy he vuelto a sus pasillos y me he cruzado con todos mis compañeros: Rocío, Dani, Mara, Héctor… Algunos pueden seguir trabajando en el periódico, pero otros me consta que como yo emprendimos distintas aventuras profesionales una vez pasado el periodo de prácticas.  Pero yo he vuelto, con esa capacidad que tengo de viajar en el tiempo, al periódico ABC de hace trece años. Y mi intención era que me dieran trabajo, pero ni siquiera me he preocupado de llevar un currículum, y además me he puesto un poco contestataria: “¡Mi currículum lo podéis ver en Internet!”.

He hecho un recorrido por todos los sitios que recuerdo: la sala donde se preparaba Blanco y Negro, la Guía del Ocio, el diario, las rotativas… pero claro, el recorrido se ha ido convirtiendo en algo que, lejos de resultar nostálgico, porque fue un año genial en el que aprendí mucho, ha resultado ser un tanto siniestro. Porque mientras buscaba sitios y personas a las que saludar me iba quedando sin ropa. En serio, sin ropa. Y cuando conseguía recoger trapitos escondidos por las esquinas, se me iban cayendo otra vez. ¡Qué apuro!

Pero es que además se me caían los dientes (me he quedado sin dientes muchas veces en mis sueños), y volvían a su sitio, y después se me caían otra vez. Pero mi actitud seguía siendo guerrera: “¿A quién hay que ver para que me den trabajo?” Subo unas escaleras, llego  al despacho del director, en esta ocasión despacho ficticio y director ficticio, de verdad. Y está a punto de ser operado allí mismo en su despacho, pero aún así me recibe porque yo voy a contrarreloj (tengo que coger un tren en una hora). Y es muy amable pese a que le están extirpando unos bichos de la espalda. Y detrás va el subdirector, y los delegados y… ¡hay un virus! Algunos mueren, otros echan sangre por la boca, en fin, muy agradable todo, y yo sin paletas y desnuda por ahí.


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