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No es que se acerque Halloween (Historias para no dormir I)

león

He dormido profundamente, pero el sueño que he tenido esta noche es para haberse despertado sobresaltada y no volver a pegar ojo.

Imaginaos un grupo de “personajes peligrosos” de mediados del siglo XX. En alguna ciudad europea… Si estuviera iniciando el guion de una película, o tuviera que preparar el atrezzo, éstas serían las primeras vagas anotaciones: maleantes peligrosos en una ciudad de Europa del Este. Vivan los clichés.

El escenario que ha creado mi subconsciente es éste. Y yo formo parte del grupo, no digo que tuviera una gabardina y una boina pero me podíais imaginar así. Uno de nuestros amigos vive en un perpetuo desconsuelo porque sabe que le van a matar. Nosotros no le hacemos mucho caso, pero nos advierte que un grupo rival va a por él. Suda, está consumido, mientras los demás bebemos alegremente.

Y de repente… el tiro en la frente, la cara rígida, blanca, la muerte. Tenía razón, querían matarlo. El jefe de nuestro grupo está rabioso, descorazonado, quiere vengarse.

Conseguimos llegar hasta ellos y, en medio de la calle, soltamos un león que destroza y devora a dos de ellos mientras mi rabioso compañero se carga a otro metiéndole una aspiradora por la cabeza y triturándole. Los gritos son espeluznantes.

Esta mañana me he quedado en la cama pensando en las dos opciones. Os pregunto, ¿preferiríais vivir angustiados sabiendo que vais a morir pero que la muerte fuera rápida, indolora, como la bala en la frente? ¿O es mejor la opción de vivir alegremente, sin esperar la muerte, pero cuando llega tenéis que pasar un rato de auténtica tortura?


El laberinto de Fran Rivera

camellos

No me cae especialmente bien Fran Rivera. Me refiero a que como personaje público (no lo conozco personalmente) no me despierta grandes simpatías. Pero esta noche he soñado con él y tengo que reconocer que se ha portado estupendamente, y ha demostrado tener una gran paciencia conmigo. Supongo que al Fran real le gustará que lo defina como un “perfecto caballero”, pero eso sí, ha sido un sueño.

Esta noche me he colado en su casa, que como ocurre siempre en mis sueños, comienza siendo una casa de dimensiones más bien pequeñas para convertirse, a cada paso que doy, en una lugar inabarcable. La casa de Fran Rivera en esta ocasión ha acabado convirtiéndose en un castillo con unos terrenos kilométricos. No he hablado con nadie, pero la sensación que he tenido es de ir acompañada de un grupo de gente, y de que la visita era como una excursión. Y Fran nos ha atendido siempre con unos modales exquisitos, pese a que nos hemos presentado sin avisar.

Y no ha perdido el buen talante cuando me he colado en su granja de camellos. Curiosamente los camellos andan a dos patas; en realidad tienen cuerpos humanos y cabeza de camellos y nos miran desafiantes. Sé, porque mi subconsciente me lo ha comentado, que se trata de una granja experimental súper secreta, pero el torero no se ha molestado en absoluto con nuestra intromisión y, aunque algo desconcertado, nos ha explicado por qué los camellos son medio humanos y el jefe de todos ellos es de color gris. No me acuerdo de la explicación, pero sí de la cara de resignación de nuestro anfitrión.

Al acercarnos a la fachada del castillo no he podido resistirme a entrar en un laberinto subterráneo, que se está preparando para ser una atracción turística. Un laberinto que hay que sortear a modo de gymkana. Pero no está todavía listo y hay allí varios animales salvajes, campando a sus anchas. Como yo ya he entrado, el caballeroso Fran Rivera se interna también en un laberinto de pasillos, cuevas, y pasajes secretos para protegerme de posibles encuentros con leones, panteras y serpientes venenosas. Un encanto.

¿Que si he conseguido salir del laberinto? Creo que no, lo último que recuerdo es una pared de ladrillo y un pavo real.


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