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Madrid

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No sé por qué vuelves siempre Madrid a mí. Deberías mantenerte lejos, exactamente a la distancia en kilómetros que nos separan. Pero te cuelas en mis sueños y tus calles, dulcificadas por mi subconsciente, aparecen como fotografías repetidas.

Tengo sueños recurrentes, ya lo he comentado más de una vez, pero son recurrentes algunas temáticas, sensaciones, elementos como el agua, la sangre, el color azul Francia. Nunca se repiten escenas o fotografías, menos cuando sueño con Madrid. Madrid es un sueño que se repite.

Y hay dos lugares que vienen a visitarme para recordarme que Madrid ya no me pertenece. En realidad no existen; o son una versión alterada de lugares que sí existen. A veces observo el principio de Paseo de La Habana, a lo lejos, y lo que observo es un bulevar, pero acristalado. Todo es puro cristal, y puedo ver a través de él. No me muevo.

Otras veces estoy en Gran Vía y subo a un escarpado campanario de alguna Iglesia, no recuerdo que haya nada parecido por allí. A veces es una Iglesia, otras un castillo, pero sé que accedo por Gran Vía y que subo por una escalera de piedra; por algunos recovecos se cuela una hiedra.

Cristales y piedra. Y tú ya no me perteneces y yo quiero pisarte de nuevo.

 

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¡Qué violencia!

Esta noche he soñado que me iba a vivir a Madrid. Teniendo en cuenta que estuve cenando con unos amigos que viven allí y ahora están “re-volviendo a casa por Navidad”, es normal que sueñe con esta ciudad. Por cierto, buen viaje chicos. Al principio, como suele ocurrirme, el sueño iba por cauces de lo más normales. Ya sabéis, las cosas que se hacen en el mundo real: alojarte en un aparta hotel blanco con mobiliario blanco y camas colgantes mientras buscas otro sitio mejor para vivir. Muy normal. También es normal dejar a tus hijas con tus padres, pero con la condición de que te las traigan cada dos días para verlas (tened en cuenta que mis padres viven en el Sur del Sur). Hay unas literas colgantes en el apartamento blanco, las literas son de flores y se convierten en cunas, pero parece que yo prefiero que las niñas sólo nos hagan visitas, por el momento. También es muy normal que la casa se inunde con el lavavajillas, y que la dueña de este hotel, casa o lo que sea, no lo quiera arreglar.

Lo que no es normal es que yo quiera salir a la calle y por alguna extraña razón nunca pueda salir del edificio. Si yo lo que quiero es pasear por Madrid. Además la dueña, que ha cambiado de aspecto en varias ocasiones a lo largo de la noche, entra y sale y aparca en mi cuarto de baño. Se lo permito porque el coche es eléctrico, que si no… Y lo que no es normal es que comience la violencia, ¿qué he hecho yo para aguantar que el ex marido de la dueña, llamémosla Maricundi, irrumpa en mi casa colgante y la amenace con una pistola? Por lo visto a Maricundi la busca la policía, pero su ex, que tiene toda la cara de Kevin McKidd, ha dado con ella primero. Y la policía también llega a mi hotel blanco, que pronto se va a teñir de otro color como alguien comience a disparar.


La avaricia rompe el saco

Es mi refrán favorito; siempre he fantaseado con la posibilidad de triunfar como escritora, que me hicieran una entrevista y me preguntaran por mi refrán favorito. Entonces yo contestaría: “La avaricia rompe el saco. Hay un gran número de situaciones en las que se puede utilizar”. Hoy no os voy a contar un sueño sino la razón por la que he tardado en conciliar el sueño.

Me he ido a la cama pensado por alguna razón que “la avaricia rompe el saco”. A continuación me he acordado de esa entrevista ficticia en la que me hacen el típico cuestionario de “libro favorito, comida preferida, un lugar para perderse, una ciudad para vivir…”. ¿Qué contestaríais vosotros? ¿Que vuestro libro de cabecera es El guardián entre el centeno, o El libro de arena? ¿Y sobre autores, Borges o Murakami? ¿Me pongo en plan interesante contando que a mi hija de siete años ya le he leído El principito y Donde viven los monstruos? En realidad es verdad… ¿Y se sale de la línea “voy de intelectual – me encanta leer” decir que lloré como una magdalena con El Médico, pero que nunca he podido terminar Los pilares de la Tierra? Lecturas de la infancia: El club de los cinco de Enid Blyton. Durante un tiempo tuve como libro “superpreferido” Retorno a Brideshead, de hecho conservo un oso de peluche al que llamé Aloysius. Pero ahora diría que Las aventuras de Huckleberry Finn. Y si la entrevista se fuera a publicar  en una revista especializada, de literatura, las preguntas sobre lectura serían más numerosas, podría comentar que me encanta releer libros, como Seda: “Y ya sabéis, de adulto los libros adquieren otros matices, bla, bla, bla…”. Fantaseando de esa manera no hay quien duerma y podría decir que estoy siendo avariciosa, y ya sabemos que “la avaricia rompe el saco”.

No os creáis que me he dormido pronto, con el cine he hecho el mismo razonamiento que con los libros, y me debato entre confesar que soy una friki obsesiva de El padrino o hacer un análisis filosófico de Blade Runner. Pero la verdad es lloré a moco tendido con Magnolias de acero y que la película que me encanta volver a ver una y otra vez es Hechizo de Luna: “¡Johnny tiene novia, yo no tengo novia, Jhonny tiene mano, yo no tengo mano!”. Pero claro, no puedo seguir nombrando películas en mi entrevista ficticia porque no voy a conseguir dormir y “quien mucho abarca poco aprieta”, “más vale pájaro en mano que ciento volando” y además “la avaricia rompe el saco”.

¡Ay!, pero no me puedo resistir:

-Comida favorita: ¿Contesto pasta o “japo”?

-Color: Azul Francia.

-Una ciudad para vivir: Madrid.

Esta noche he soñado que iba con un saco roto dando vueltas por ahí.

 


El Circo del Sol

Allí es donde he estado esta noche; pero no en el recinto donde se representa su nuevo espectáculo, sino en el mismo Circo del Sol; es decir, en un lugar donde todos volamos y hacemos piruetas, sonreímos y lloramos y cantamos.

He estado con mi madre, y las dos hemos dado volteretas por el cielo, no por la carpa, sino por un cielo cosido a retales, no de telas, sino de piel de elefante. Los sueños son así, y el cielo es áspero como la piel de un elefante. Yo sé por qué he soñado con mi madre y el Circo. Ahora esta compañía representa su último espectáculo en Sevilla, Corteo, y al saberlo me he acordado de una vez, hace siete años, en la que de verdad fui con mi madre a ver Saltimbanco. Ella estaba emocionada porque ahora yo vivía en Sevilla y me tenía muy cerca y yo estaba aterrada porque ahora vivía en Sevilla y estaba muy lejos de Madrid (ya sé que hay AVE, pero no es lo mismo). Cuando echo la vista atrás me duele pensar lo poco comunicativa que estuve, y lo poco que disfruté de la representación. Y con esa “punzadita” me he acostado esta noche, pensando en estar de nuevo con ella sentada en las gradas, esta vez sonriente y feliz.

Dicho y hecho, he soñado que los acróbatas me invitaban a trepar por cuerdas interminables, y yo lo hacía con facilidad mientras me dirigía a mi compañera: “¡Mamá, mira cómo salto! ¡Soy ligera como una pluma, no tengo miedo!”. Y ella me aplaudía desde abajo. He pensado que me iba a quedar a vivir allí, porque es maravilloso no tener miedo… y disfrutar del espectáculo. Mamá, ahora no tengo dinero para invitarte a ver el Circo del Sol, pero en este sueño lo hemos pasado muy bien juntas.

¿Que qué tiene que ver la foto con el sueño? Pues que la ha hecho ella. Es bonita, ¿verdad? Entre nosotros, yo creo que le gusta mucho el mar.


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