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Zinedine Zidane, mi marido

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Que me perdone su verdadera esposa, pero esta noche he soñado que Zizou era mi marido. No está entre los guapos oficiales de mi ideario, pero tengo que confesar que en un principio me ha hecho mucha ilusión. Tan “polite”, tan deportista, tan guapo al fin y al cabo… tan aficionado a los aparatos eléctricos.

No os cuento la noche de bodas porque no ha existido, ni paseos románticos por la playa o, por qué no, la fantasía de que me hable en francés al oído. O la ilusión de acompañarlo a los entrenamientos alguna vez (será porque soy del Barça). Mi matrimonio con Zidane se ha basado en preguntas sobre aparatos electrónicos. “¿Cómo funciona esta radio?”, “¿Puedo desmontar la tostadora?”, “¿El módem tiene adaptadores para otras clavijas?”.

Como yo no le hacía caso se ha aliado con mi padre y juntos han emprendido la noble tarea de arreglar una televisión. Sobre esto Freud tendría una justificación interesante.

Esto es todo amigos, fin del matrimonio.

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Una película de terror

 

Es lo que he soñado esta noche. He vivido una pesadilla de las más duras que recuerdo. Y os la voy a contar.

Esta noche he sido testigo de cómo en una hermosa casa residencial (muy americano este comienzo, lo sé) su dueña se ha dado el susto de su vida. Porque han entrado en casa su marido con una desconocida señora amenazándola con matar a sus dos hijos (un niño de unos seis años y un bebé de meses) si no hacía lo que le decían. Como era su marido quien le advertía, la sufrida madre al principio no ha hecho caso y ha visto cómo lanzaban al hijo mayor por las escaleras.

-Cariño, lo hemos hecho para que nos tomes en serio.

Después han cogido de su cuna al bebé y le han amenazado con tirarlo también si no dejaba de llorar. Mientras la desconocida mecía con cariño al pequeño, el marido le ha cortado a su mujer el pelo y se lo ha teñido de negro (es rubia). Cuando todo ha acabado y le acerca a su mujer un espejo, la desconsolada madre ve a través del espejo aparecer a su hijo mayor, el que supuestamente ha caído por las escaleras.

No entiende nada, aunque el alivio es supremo. Su marido le cuenta que ha sido objeto de una broma. Ella coge a sus hijos, sale despavorida de la casa y denuncia a su marido, le pide el divorcio y con la broma como prueba incluso consigue la custodia total.

Es como para volverse loco, y yo me pregunto, si sueño estas cosas, ¿en qué lugar quedo yo? ¿Me estaré también volviendo loca? ¿No será que veo demasiada mala televisión?


El susto

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He intentado hacer muchas cosas esta noche. Pero me he visto interrumpida en cada acción. Hasta una entrevista de trabajo he tenido que dejar a medias porque mi marido y mi hermano pequeño han entrado en la sala donde estaba para comentarme: “Tu padre nos ha reunido para darnos una mala noticia”. Un buen susto.

Hasta un portal de un pequeño edificio que me disponía a restaurar, no me preguntéis por qué, han llegado mi marido y mi hermano para decirme: “Tu padre nos ha reunido para darnos una mala noticia”. Vaya susto.

También he accedido a una playa de difícil acceso y, al meterme en el agua, mi marido y mi hermano han llegado en una lancha y me han llevado a escuchar la noticia que nos quiere dar mi padre. Un viaje en lancha con el susto en el cuerpo.

Tampoco he podido comprar ropa tranquila porque al pagar, dos personas que yo me sé me han sacado de la cola hacia la zona de cobro con un gran susto.

La noticia: “Me he doblado el tobillo”. Ropa a medio comprar, baño interrumpido, portal a medio restaurar y una entrevista de trabajo, del que me puedo despedir por una torcedura de tobillo. Muy bien, el susto se lo va a llevar mi padre hoy cuando lo llame por teléfono.


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