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El polvo de la galaxia

desierto

Una confunde términos cuando sueña con situaciones que no tienen relación aparente. De ahí un título confuso que a lo mejor tiene que ver con polvos (entiéndase echar un polvo), o con galaxias (entiéndase la Guerra de las Galaxias).

Pero mi sueño de hoy ha comenzado siendo un viaje nada sideral a un hotel con encanto. Aunque los hoteles de mi subconsciente no entienden de encanto… deciros que las paredes estaban empapeladas con papel para envolver regalos. Se asemejaba el edificio a un molino de viento, y nos han recibido dos resueltos jinetes a caballo. La habitación asignada, con depuradora integrada.

Cuando empiezo a asumir la situación e intento descansar, me doy cuenta que al hotel se lo ha tragado la tierra. Estamos “escondidos” en un desierto al que se accede por una trampilla. Hay que protegerse de los invasores. Aquí comienza “La Guerra de las Galaxias”.

No nos queda otra cosa que hacer, que asistir a una gran sala común para matar el tiempo. Allí me encuentro con mis hermanos. Parece que a ellos todo les parece muy normal, y no están pendientes de lo que ocurre a nuestro alrededor. Yo sí, y los personajes que por allí deambulan me dan pistas sobre lo que va a ocurrir en los siguientes episodios de la saga.

– “¡No hagas spoiler!”, me gritan todos.

Al final, no me preguntéis cómo ni porqué, he tenido un “affaire” con Mario Vaquerizo, porque con Mario no se echa un polvo, se tiene un affaire.

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¡Viva Glam!

Nada como ver Alaska y Mario para tener un sueño de lo más glam. No sé si habéis soñado alguna vez algo enmarcado en la estética glam, pero os aseguro que suelen ser sueños que te quitan el sueño. En mi caso han tomado protagonismo los colores fluorescentes, por lo que todavía no puedo abrir bien los ojos. ¿Os acordáis de la campaña de los Juegos Olímpicos de Londres, que tuvieron que retirar porque provocaba ataques epilépticos? Era una sucesión de líneas de colores especialmente mareante. Algo parecido se ha repetido en mi sueño de hoy.

Queda claro la atmósfera en la que me he movido esta noche; y a lo que me he dedicado es a perseguir a Mario Vaquerizo para que me enseñe a pintarme los ojos igual de bien que él. Sombrea en negro todo el ojo y cuando yo intento hacer lo mismo lo que consigo es parecer una zombi. Así se lo he explicado después de perseguirle de local en local. He tenido que asistir a unos veinte conciertos de las Nancys Rubias antes de que me haya hecho caso. En un camerino, mirándonos los dos al espejo, hemos practicado la técnica de sombreado, con maquillaje de M.A.C., claro está. No he aprendido nada, pese a la paciencia de mi “profesor”, pero no me ha importado nada, ya sabéis, porque todo era un sueño, y ha sido un alivio despertarme entre el blanco y azul francia que le da una atmósfera serena a mi dormitorio.


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