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Grande

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Me gusta Grande Marlaska, iba a decir el juez, ahora tengo que decir el ministro. Me gusta además porque es muy atractivo. Esta noche he soñado con él, en una suerte de idilio del todo imposible por motivos obvios.

Pero en el sueño, aunque tiene un novio muy pesado al principio (que me perdone su verdadero marido, nada más lejos de la realidad), mi subconsciente lo ha hecho desaparecer y se ha enamorado de mí. Y yo en mi sueño ni casada, ni hijos ni ná de ná…

Fernando (hoy lo trato con confianza) ha resultado ser el inquilino actual de mi primera casa, en la que viví cuando era pequeña. Me ha dejado entrar para que la recuerde, aunque ya no se parece mucho a ese recuerdo. Pero le agradezco el tour. Luego hemos intimado… porque hemos construido un iglú con bloques de madera y hemos ayudado a unas amigas a ir a Marruecos en autostop. Mientras tanto intercambio de manitas… mmm, qué ideal.

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Ventisca viaja a Marruecos

Siempre me han llamado la atención las matrículas de países árabes, porque utilizan una tipografía muy estilizada, una combinación de colores muy bonita, y además tienen la caligrafía árabe, que también es muy atrayente. Sí, yo me fijo en esas cosas. Y esta noche en mi sueño me he convertido en fabricante de matrículas marroquíes. Trabajaba en un almacén de manera muy artesanal, porque las pintaba yo a mano. Y yo tan feliz con mi nueva ocupación, pintando y pintando todo el día. Pero la cosa se complica (cómo no), y me hacen un pedido que no me da tiempo a terminar. Entonces me acuerdo de que mi hija Martina, de tres años, es una “sopladora” excepcional, y me puede ayudar a secar la pintura. Yo creo que mi subconsciente me ha hecho recordar lo que hace la pequeña de verdad, y es soplar con tanta fuerza sus uñas cuando se las pinto, que en realidad se las escupe. Y esto nos hace mucha gracia.

Pues para el sueño me viene perfecto, pero cuál es mi sorpresa cuando me pillan unos “agentes especiales matriculeros” y me piden explicaciones sobre el hecho de tener a una niña de tres años trabajando conmigo. Y yo, en vez de arreglarlo, lo estropeo aún más cuando les digo que es una “sopladora superdotada”. “Pero bueno, ¿explotando a niños? ¡Ahora mismo a la cárcel?”. Exacto, el sueño termina en la cárcel, y yo pintando con una tiza caligrafía árabe por todas las paredes y mi hija, encarcelada conmigo, soplando. A lo mejor consigue abrir la puerta y nos escapamos.


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