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Aparcar

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No me suele ocurrir, pero esta mañana me he levantado sin acordarme de lo que había soñado. No importa, os confieso que ha sido un pequeño descanso amanecer si tantas imágenes intentando hacerse un hueco en mi memoria.

Después del consabido desayuno, ducha, y puesta en marcha general me disponía a conducir cuaaaando, al darle la vuelta a la llave para arrancar me he acordado de inmediato de lo que he soñado. A mi memoria en blanco (bendito color) han aparecido un flash de luces de neon, una sucesión de imágenes, fotografías pasadas muy rápido. Mi sueño: he estado toda la noche subida a un coche, aparcando.

Si hoy me examinaran del carné de conducir no sólo me aprobarían, si no que me darían un diploma como la persona que mejor aparca del mundo. Y es que he aparcado cuesta arriba, cuesta abajo, en batería, con poco espacio, con espejo retrovisor, sin él, con tráfico, entre pivotes móviles, de emergencia, grandes, pequeños.

No dista este sueño mucho de la realidad, tengo que conducir todos los días. Ya os he comentado en alguna ocasión que además me encanta. Incluso presumo con mi marido de que aparco mejor que él, porque la dirección de mi coche deja mucho que desear, pero esa cámara trasera me vuelve loca.

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Nuevas elecciones

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Será porque en televisión (la cual consumo pese a mi rechazo inicial) se llena de programas, de nuevo, que nos quieren borrar la memoria, de nuevo, y darnos una imagen de los políticos impoluta, de nuevo. Será por esa razón que he soñado con las elecciones del 26-J.

Y en mi sueño las elecciones eran una fiesta, todos se reunían a celebrar tan maravilloso acontecimiento como si fueran las elecciones del 77. Nada que ver con la realidad, por lo menos mi realidad, ya que iré a votar, pero casi a rastras.

En mi sueño podías votar en el colegio electoral que quisieras, de manera que muchos grupos de amigos o familiares viajaban hacia donde convenía, quedaban para comer, hacían barbacoas en las plazas de los pueblos para luego ir a votar.

Yo he quedado con unos amigos de la infancia a tomar unas hamburguesas (me acuerdo perfectamente de que eran hamburguesas porque me he levantado con ardor de estómago). Luego vamos a ir a votar a un colegio electoral construido para la ocasión en el patio trasero del Ayuntamiento.

Cuando llega el momento me doy cuenta de que se me ha olvidado mi carné de identidad. No os podéis imaginar lo enfadados que están mis amigos conmigo por mi despiste. Y yo les digo: “Pero esto es un sueño, a lo mejor puedo votar sin carné”. Pero no cuela, soy una irresponsable, una antidemócrata y quién sabe qué cosas más según sus miradas de decepción. Incluso me encuentro con Pablo Iglesias que me echa una monumental bronca por mi imperdonable olvido.

Y yo me acuerdo de un artículo que escribí hace unas semanas, OS VA A CAER UN NULO QUE OS VÁIS A CAGAR.

 


Cuidado

Porque a veces sueño sueños que se convierten en realidad. Es como adelantarse al futuro, y soñar con personas que aparecen en mi vida dos o tres días después de haberlas recibido en mi memoria. Las atraigo, igual que atraigo ciertas situaciones, cuidado.

No me pregunto el por qué, alguna explicación habrá. Pero me divierto, y me divierte comprobarlo una y otra vez… cuidado.

Hoy he soñado contigo, quieres algo amable, ¿verdad? Cuidado, no vayas a ser tú.


La memoria

Tengo una memoria privilegiada, salvo por algunas cosas.

No se me olvida nada, salvo algunas cosas.

Regálame ese libro, por favor.


Recuerdos II (Imagine Dragons)

Recopilar recuerdos es cansado, quizás por eso me he levantado hoy con mucho sueño. Mis vidas, la real y las que pudieron ser, se mezclan en mi cerebro, en mi memoria, en mi subconsciente, al que a veces regaño por osado. E intento recopilar recuerdos.

Intento integrar los recuerdos verdaderos con los posibles, integrar vidas paralelas, y abro nuevos compartimentos en mi cerebro, que crece con los sueños.

Mis recuerdos siempre van acompañados de música; ¿se puede hablar de recuerdos nuevos, unir pasado y futuro? It´s time.

Sueños relacionados:

Recuerdos (Losing my religion).

Varias vidas.


El hombre de los libros

Un hombre ha interrumpido esta noche mis sueños. No sé lo que estaba soñando, algo que él ha borrado de mi memoria;  ha aparecido con un libro en la mano. Y me ha mirado, y me ha hipnotizado. Viene a mí el hombre de los libros, que lee el libro que lleva en la mano, entonces me mira y sonríe porque sabe cuál es mi libro favorito. Yo soy incapaz de decírselo, siento que mi memoria flaquea, porque ahora él contiene mi memoria.

Es un hombre muy delgado, algo enfermizo, y habla arrastrando las palabras, puedo percibir un acento latinoamericano, pero no me atrevo a afirmarlo. Su habla, su mirada y esa manera de conocerme me tienen totalmente hechizada. Me pide que le siga, le sigo con absoluta tranquilidad, pese a que me traslada a un lugar desconocido. Me lleva por pasillos estrechos y llegamos a su casa, para recoger más libros, quizás los que leeré y se convertirán en mis preferidos. Me habla de Retorno a Brideshead y de Emaús y me pregunta: “¿Te das cuenta? ¿Esa reflexión sobre la fe? ¿Por qué se convirtieron en tus libros favoritos?”  Y él contesta, porque a mí me cuesta hablar: “Porque tú crees en otras cosas”.

Quizás el hombre de los libros me ha besado, y ahora me habla de El guardián entre el centeno, y de Huckleberry Finn y de Kafka en la orilla, y me pregunta: “¿Por qué Holden, y Kafka Tamura? ¿Por qué jóvenes, hombres, confusos, fuera de lugar?” Estas preguntas no las responde, y yo veo en el hombre de los libros la representación de estos personajes, que me hablan, que me conocen, que me enamoran.

Sueños relacionados:

La casa de los libros.


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