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Sueños sin sentido (y divertidos) VII

Me he comprado un pisito al lado del Tex Mex. ¿Que qué Tex Mex? Ahora mismo no sabría deciros si es una tienda o un restaurante mexicano o un centro comercial o un parque temático. Pero en el sueño es un sitio muy importante, si quieres ser alguien en mi sueño tienes que conocer el Tex Mex; haber estado allí alguna vez. Así que imagináos el triunfazo de vivir al lado. Ya me puedo morir tranquila.

Voy a conocer mi piso nuevo, mi pisito que resulta estar abierto de par en par para quien quiera entrar. Vaya, no voy a tener intimidad. Pero por otro lado, está al lado del Tex Mex… ¿qué hacer? Ya sé, voy a preparar un cuarto de invitados para los visitantes, así muy mono con dos camitas y las colchas moradas. No me preguntéis por qué moradas, a mí no es un color que me entusiasme, pero en el sueño lo importante en la vida es el Tex Mex y el color morado, será porque es el color del mole y en mis sueños, acordáos, la comida sabe siempre a mole, esa salsa de la cocina mexicana a la que no me termino de acostumbrar.

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Indigestión sideral

Nada como hablar de comida para tener un sueño gastronómico; toda la tarde intercambiando recetas con mis amigas y como consecuencia la comida se ha colado en mi subconsciente. Pero en mis sueños la comida sabe siempre a mole, esa salsa de la cocina mexicana a la que no me termino de acostumbrar. Cuando sueño con dulces no ocurre, pero cuando dejo la repostería para tomar algo salado, aparece el mole, no sé porqué.

Esta noche he estado en una casa muy extraña, con unos invitados muy extraños (niños y niñas de tres años con nombres vascos y que hablaban como adultos) y con unos gustos culinarios muy extraños. Porque a Batirtze, Aitziber, Andoitz, Unax y compañía les gustaban las pizzas sin tomate, las tortitas de maíz  sin guacamole y las hamburguesas sin queso. Yo les he cocinado como buena anfitriona que soy lo que han querido, y han disfrutado mucho con el resultado. Pero a mí todo me sabía a mole negro; a anís, cacahuetes y chocolate.

Después del banquete mis invitados han representado para mí, a modo de agradecimiento, una danza maorí, ataviados con faldas escocesas a modo de kilt. Muy interesante la mezcla de culturas, pero yo lo que tenía era una mezcla en el estómago de lo más desagradable. Tan mal me ha sentado la comida “soñada” que esta mañana me he despertado con nauseas. Lo primero que he hecho es lavarme los dientes para quitarme ese regustillo a salsa mexicana.

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