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29 de junio

La vida ha sido injusta contigo, y ya no recibirás caricias ni besos. Pero descansas, eres ingrávida, y los ves de nuevo.

Sueños relacionados:

25 de diciembre.

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En mi cumpleaños

Yanis

Ayer fue mi cumpleaños, 1 de febrero; no es una fecha muy atractiva, hace frío, no es Navidad, ni la ansiada primavera, es un mes anodino, febrero. Se salva por el carnaval, en todo caso. En la Universidad siempre me pilló estudiando para los exámenes; dos años seguidos Historia de España el día tres. Pero me gusta la fecha de mi cumpleaños, porque es mi cumpleaños, y es en invierno y a mí me encanta el invierno.

Esta noche he soñado con mi cumpleaños; me encontraba celebrándolo con un grupo de personas desconocidas en un restaurante mexicano. El grupo de desconocidos me mira perplejo, porque yo pido margaritas sin parar. Pero como están allí como si fueran los extras de una película, poco pueden hacer con mi tendencia a emborracharme en tiempo récord. Pero, ¿qué puedo hacer si estoy celebrando mi cumpleaños con absolutos desconocidos?

Por fin reconozco a alguien, no me lo puedo creer, el camarero me suena, ¿es Michael Bolton sin pelo? ¡No! Es Yanis Varoufakis, el flamante nuevo Ministro de Finanzas griego, que está dando más que hablar por su físico que por su visión económica y política. La realidad supera a la ficción, pero en mi sueño es un amable camarero que prepara unas copas de margaritas buenísimas. ¡Viva México cabrones!

 


Navidad en La Antilla (Acabaré sumergiéndome en el mar)

la antilla

 

Allí es donde hemos pasado los días de Navidad. Los paseos siguen siendo los mismos aunque ahora son más concurridos al ir acompañada por los niños. Recuerdo de nuevo un texto que escribí sobre los paseos interminables por esta playa:

ACABARÉ SUMERGIÉNDOME EN EL MAR

Son muchas las tardes en las que mi marido y yo salimos a caminar por la playa. En La Antilla, antes de que anochezca, la bajamar y los kilómetros de arena convierten el paseo en casi una exigencia porque, ¿quién puede resistirse? Al aire impregnado de salitre, a las nubes color fucsia, y al gris plata de la orilla.

Cuando Javier y yo caminamos, con paso firme, hacia esas nubes, el viento frío nos da de cara – los paseos son más intensos en invierno – cuando la playa está casi vacía, entonces al hablar el aire se mete en los pulmones con más dificultad, provocando en ellos un golpe seco. Pero pese a que las palabras salen entrecortadas por el esfuerzo, nuestras conversaciones durante esos paseos son muy francas: ponemos en orden nuestras ideas. Creo recordar que el nombre de nuestra hija, Lola, lo decidimos durante uno de estos paseos.

Siempre nos ponemos una meta, abandonamos el barrio de pescadores, donde siempre vemos peces muertos al lado de las barcas encalladas, y llegamos a las dunas, que comienzan a divisarse por detrás de los grandes hoteles, nuevas construcciones que contrastan con las pequeñas y desconchadas casas de los pescadores.

Al emprender el camino de vuelta ya nos lo hemos dicho todo. Ahora el viento nos empuja más rápido hacia casa. En silencio escuchamos el sonido de las olas, una mezcla entre chapoteo y rugido de tormenta, una mezcla de viento y mar, que ahora es de un color más oscuro, azul marino. Es el único sonido que parecemos escuchar, aunque si nos concentramos un poco también suenan nuestros pasos amortiguados por la arena, y la respiración de ambos: inspiramos fuertemente por la nariz.

Nos sentimos limpios, por ese aire que despeja los pulmones, y por el entorno, que despeja las ideas.

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Inspiración III.


Yo os acuso

MARRAKECH

Navidad de 1939

George Orwell

(…) “Cuando uno deambula por una ciudad como esta -doscientos mil habitantes, de los cuales al menos veinte mil son dueños literalmente de los andrajos que los cubren-, cuando ve cómo vive la gente, e incluso con qué facilidad muere, siempre es difícil creer que uno camina entre seres humanos. Todos los imperios coloniales, en efecto, han sido erigidos sobre esta realidad. La gente tiene la cara morena, oscura; además, ¡son muchísimos! ¿Son de veras tan de carne y hueso como uno mismo? ¿Acaso tienen un nombre propio, o están hechos tan solo de una suerte de pasta informe, de tonalidad tostada, tan individuados como las abejas u otros insectos que viven en colonias? Surgen de la tierra, sudan y pasan hambre durante unos cuantos años, y al cabo vuelven a hundirse en los montículos sin nombre de los cementerios, sin que nadie repare en que ya no están. E incluso las tumbas se desdibujan, se difuminan pronto en el terreno. A veces, cuando uno sale a pasear, a medida que avanza entre las chumberas, repara en que el terreno es desigual, y solo una cierta regularidad en los abultamientos del terreno le indica que, de hecho, camina sobre los esqueletos”.

Orwell escribió estas palabras con una ironía dura y acusadora. Yo hoy, 3 de abril de 2014, os acuso de seguir pensando exactamente igual.


Invasión

invasión

No he soñado con una invasión extraterrestre esta vez, pero la hubiera preferido a lo que me ha ocurrido esta noche en mi sueño. Ha sido una invasión cumpleañera. Sí, sí, del término “cumpleaños feliz”. Me han invadido una serie de seres obsesivos-compulsivos-cumpleañeros que me han hecho pasar tan mal rato, que todavía se proyectan en mi mente imágenes en color fucsia y celeste.

Imagináos que os encontráis en vuestra preciosa casa (es un sueño y la casa está preciosa, ni un vestigio de las últimas vacaciones de Navidad). Todo está en orden, milimétricamente colocado, no en diagonal, si no en vertical. Es decir, que los cojines y las alfombras parecen más un plano que el atrezzo de una casa en sí. ¿Os lo imagináis? Yo sí porque no soy obsesiva-cumpleañera pero sí obsesiva-ordenatodo.

Salgo un momento a observar el jardín, perfecto, cada brizna de césped tiesa al son de mi imaginación, cada piedrecita blanca resaltando, casi brillando diría yo. Y vuelvo a entrar en el paraíso del orden cuando… en mi casa hay como cincuenta personas (entre niños y adultos) celebrando un cumpleaños. Se han equivocado de casa, el cumpleaños es en otro sitio, pero no puedo alzar mi voz sobre el griterío que hay formado para advertirles. Los niños saltan por las escaleras y se cuelgan de las lámparas, y los adultos parecen haber realizado una competición sobre quién ha traído más comida y más inapropiada. Después de probar un guiso de nosequé me voy al baño a vomitar… pero en la puerta me espera alguien que quiere que pruebe una tarta de menta.

Hoy no he podido desayunar, ya es medio día y todavía no he podido probar mi sagrado café. Hijos de mala madre los cumpleañeros invasores.


¡Qué violencia!

Esta noche he soñado que me iba a vivir a Madrid. Teniendo en cuenta que estuve cenando con unos amigos que viven allí y ahora están “re-volviendo a casa por Navidad”, es normal que sueñe con esta ciudad. Por cierto, buen viaje chicos. Al principio, como suele ocurrirme, el sueño iba por cauces de lo más normales. Ya sabéis, las cosas que se hacen en el mundo real: alojarte en un aparta hotel blanco con mobiliario blanco y camas colgantes mientras buscas otro sitio mejor para vivir. Muy normal. También es normal dejar a tus hijas con tus padres, pero con la condición de que te las traigan cada dos días para verlas (tened en cuenta que mis padres viven en el Sur del Sur). Hay unas literas colgantes en el apartamento blanco, las literas son de flores y se convierten en cunas, pero parece que yo prefiero que las niñas sólo nos hagan visitas, por el momento. También es muy normal que la casa se inunde con el lavavajillas, y que la dueña de este hotel, casa o lo que sea, no lo quiera arreglar.

Lo que no es normal es que yo quiera salir a la calle y por alguna extraña razón nunca pueda salir del edificio. Si yo lo que quiero es pasear por Madrid. Además la dueña, que ha cambiado de aspecto en varias ocasiones a lo largo de la noche, entra y sale y aparca en mi cuarto de baño. Se lo permito porque el coche es eléctrico, que si no… Y lo que no es normal es que comience la violencia, ¿qué he hecho yo para aguantar que el ex marido de la dueña, llamémosla Maricundi, irrumpa en mi casa colgante y la amenace con una pistola? Por lo visto a Maricundi la busca la policía, pero su ex, que tiene toda la cara de Kevin McKidd, ha dado con ella primero. Y la policía también llega a mi hotel blanco, que pronto se va a teñir de otro color como alguien comience a disparar.


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