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Nostalgia en espiral

Suelo visualizar el trayecto recorrido en mi vida de forma lineal, incluso cuando he cambiado de dirección; si tuviera que trazarlo en un papel lo haría con una regla, línea recta, a la derecha, a la izquierda. Cuestión de orden, como siempre. Pero hay emociones que rodean esas líneas en forma de bucle, como la nostalgia, que podría casi hacer desaparecer la línea recta si pintara encima de ella.

En mis sueños, de vez en cuando, viajo en el tiempo y siento lo que he vivido hace diez, veinte años como si hubiera sucedido ayer. Me imagino dando pasos atrás sobre la línea ya trazada, lápiz en mano y, en según que tramos, voy pintando encima espirales que me producen un nudo en la garganta.

A veces siento nostalgia del futuro. Avanzo, esta vez en línea discontinua con un rotulador negro para volver a pintar en bucle. Lo bueno es que las líneas del futuro, cuando me repongo, las puedo borrar con una goma a prueba de tinta negra.

En mi último sueño he cambiado de ciudad tan sólo abriendo una puerta. No hay líneas, y casi no hay pasos, sólo puertas y una sensación de absoluta ingravidez. En mi cama, esta mañana, un lápiz. Si pudiera romperlo.

 

 

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Amores de infancia, Prince

prince

Esta noche he soñado con Prince. Tras conocer su muerte he estado escuchando “Purple Rain” sin parar. Y ha sido inevitable soñar con ese ser raro, de estética imposible y extravagancias varias que sin embargo me gustaba cuando era una niña. Conforme he ido creciendo me ha seguido gustando su música, eso no ha cambiado, pero mis gustos por los hombres sí, claro.

Mi subconsciente esta noche me lo ha recordado, y me ha hecho un regalo; un viaje en el tiempo para vivir las mismas sensaciones que cuando estaba enamorada de Prince. De nuevo el uniforme del colegio, los olores a lápiz y rotuladores, y los vídeos VHS repletos de vídeos musicales (y de “Doctor en Alaska”, ediciones de los Oscar…).

Ahora basta con ir a YouTube o Vimeo para buscar esos vídeos, pero Prince no quería que su música figurase en estas plataformas, así que sólo podemos recuperar algunos de mala calidad. Pensándolo bien, si quisiera visionar las cintas perdidas de VHS tampoco estarían en muy buen estado, por lo que escucharé “Purple Rain” casi como la hacía entonces. Así se activa en nuestro cerebro la nostalgia, porque ahora tendremos que acompañar este sentimiento a su figura.

Supongo que estaba demasiado cansado… Adiós Slave, Nothing compares 2 U.


Me perdería en tus ojos

Frase que tenía catalogada como cursi, insertada a fuego dentro del ideario del mal ligón. Pero esta noche he soñado con unos ojos que han dado sentido a esa frase, me perdería del todo en ellos. Se puede tardar en mirar a los ojos un instante o quizás algo más de un segundo. Igual que respiramos de manera inconsciente o nos tomamos nuestro tiempo en inspirar y espirar, y lo saboreamos más.

He mirado a esos ojos del color del azúcar cuando comienza a quemarse. Y me ha dicho que me conoce, que sabe lo que pienso, que no me preocupe, que serán los únicos ojos en los que encontraré complicidad. Me ha contado infinidad de cosas en algo más de un segundo. Ha desaparecido el resto del mundo, se han evaporado las personas que me rodeaban, pero no he perdido el equilibrio, como cuando centras tu mirada en un punto fijo.

Y ahora puedo volver a revivir esa sensación cada vez que quiero, no sin cierta nostalgia, gracias a un subconsciente que me provoca muchas pesadillas, pero que también me regala una mirada en la que perderme.


Inseguridad

Maldita seas. Inseguridad que atenazas mis dedos incapaces de escribir a su antojo. Paralizas la sangre que se mueve lentamente por mis venas, haciéndome notar ese vaivén en mis pesados brazos. Maldita seas inseguridad, que me haces pedir disculpas. Yo te reto, y recupero el control de mis manos, y te robo las palabras, y me las quedo.

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Maldita seas.


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Eso me pide wordpress cuando decido escribir un nuevo post. Si no escribo un título pronto se autonombra por defecto “añadir nueva entrada”. Y todo un mundo de posibilidades se abre ante mí, que no soy la que escribo, es mi subconsciente, y me sorprendo. Todavía me sorprendo de que mis dedos tecleen y escriban las palabras que le dicta el subconsciente. Todavía me sorprendo, me emociono todavía, me emociono escribiendo. ¿Será posible tener tanta suerte o es Caetano Veloso que me susurra al oído el que me emociona?

Puedo contar que he soñado con ese concierto de fados al que quería asistir contigo. Mi subconsciente abre esa puerta, y me acurruco en el cuartito de mi cerebro en el que me siento tan cómoda, el de la nostalgia, la dulce nostalgia con la que he aprendido a bailar y a la que prefiero llamar saudade. Mi pasión por Portugal…

Sí, mi subconsciente ha abierto esa puerta de par en par esta noche; quería recordar todas las letras de los fados y desenredar algunas madejas de colores olvidadas en un rincón. Desenredo mientras escribo.

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