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No dejes para mañana… ¡a la mierda!

nodejesparamañana

Tengo el síndrome del “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. Educada escuchando frases como “ante la pereza, diligencia”, “no practiquéis la ley del mínimo esfuerzo” y frasesmanidas.com por el estilo, he emprendido todas mis obligaciones con esmero desde que me ha correspondido, faltaría más.

Y menos mal que me han formado en ese sentido de la responsabilidad que yo he llevado al extremo por mí misma, por una cuestión de carácter que nada tiene que ver con mi educación.  Pero ahí es donde quería llegar, que tomarse al pie de la letra el hecho de no dejar para mañana lo que puedas hacer hoy es harto peligroso.

Lo pongo en práctica en muchos aspectos de mi vida, por eso mi cabeza funciona de manera tan estructurada (“toc, toc”, ¿quién es?). O mi cabeza funciona de manera tan estructurada que lo pongo en práctica en muchos aspectos de mi vida: Orden, orden y concierto, niños, casa, viajes y, antes de ir a dormir aprovecha para no dejar para mañana…

Y también lo pongo en práctica en mi profesión, lo cual me lleva a un desasosiego que voy a mandar a la mierda de un momento a otro porque no resulta productivo en ningún caso. Mi trabajo depende del tiempo que yo le pueda dedicar, escribo e intento dar a conocer mis artículos, mi blog y mis cuentos personalizados. Y nunca es suficiente, nunca es suficiente, nunca lo que hago, que de vez en cuando tengo que repetirme que va por el buen camino, es suficiente. Eso es lo que siento cuando mi pepito grillo particular, al que voy a mandar, griten todos conmigo, ¡a-la-mier-da!, me atosiga con que siembre más.

Escoger las redes sociales adecuadas, los foros adecuados, las aplicaciones (pero ¿existe una aplicación para esto o aquello?) que te ayuden en tu trabajo sin dejar de ser auténtico. Veo a tanto mediocre con KKK de seguidores, ¿cómo lo harán? ¿No dejando para mañana lo que pueden hacer hoy? No quiero quedarme obsoleta, pero quiero dar con las claves sin quedarme majareta.

Esta noche cuando me acueste y sienta que me ha faltado algo por hacer, después de leer, voy a decir para mis adentros, a la mieeerrrda.

Y mañana a seguir escribiendo.

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Pensamientos sin estructura (y canciones en bucle)

Tengo una tendencia agotadora a estructurar y ordenar todo lo que se cruza en mi camino. Cojines, ropa, y muebles por supuesto. Pero también situaciones, personas, pensamientos. Todas y cada una de las cosas que me ocurren tienen que tener un porqué, los sentimientos un sentido, lo que pienso lo entiendo mejor si está ordenado en alguna zona de mi cerebro. Pierdo mucho tiempo en analizar los comportamientos de los demás, por ejemplo, o las consecuencias que pueden tener los míos. Voy aprendiendo a dejarlo estar, pero creo que abarco en mi cabeza demasiados razonamientos innecesarios. Eso, además de distorsionar en ocasiones la realidad, me cansa enormemente.

Por eso dejo escapar esos pensamientos a pasear a su antojo cuando sueño, por eso mi subconsciente tiene tanta autonomía y le dejo de manera descarada que me desnude. Es el lugar al que acudo para dejarme llevar.

Es curioso que sea precisamente esta canción la que he estado escuchando en bucle esta semana, justo cuando ya no encontraba espacio para tantos razonamientos en mi cabeza y se estaban escapando al resto del cuerpo, que me ha pesado más de lo habitual.

Bailad y respirad.


Invasión

invasión

No he soñado con una invasión extraterrestre esta vez, pero la hubiera preferido a lo que me ha ocurrido esta noche en mi sueño. Ha sido una invasión cumpleañera. Sí, sí, del término “cumpleaños feliz”. Me han invadido una serie de seres obsesivos-compulsivos-cumpleañeros que me han hecho pasar tan mal rato, que todavía se proyectan en mi mente imágenes en color fucsia y celeste.

Imagináos que os encontráis en vuestra preciosa casa (es un sueño y la casa está preciosa, ni un vestigio de las últimas vacaciones de Navidad). Todo está en orden, milimétricamente colocado, no en diagonal, si no en vertical. Es decir, que los cojines y las alfombras parecen más un plano que el atrezzo de una casa en sí. ¿Os lo imagináis? Yo sí porque no soy obsesiva-cumpleañera pero sí obsesiva-ordenatodo.

Salgo un momento a observar el jardín, perfecto, cada brizna de césped tiesa al son de mi imaginación, cada piedrecita blanca resaltando, casi brillando diría yo. Y vuelvo a entrar en el paraíso del orden cuando… en mi casa hay como cincuenta personas (entre niños y adultos) celebrando un cumpleaños. Se han equivocado de casa, el cumpleaños es en otro sitio, pero no puedo alzar mi voz sobre el griterío que hay formado para advertirles. Los niños saltan por las escaleras y se cuelgan de las lámparas, y los adultos parecen haber realizado una competición sobre quién ha traído más comida y más inapropiada. Después de probar un guiso de nosequé me voy al baño a vomitar… pero en la puerta me espera alguien que quiere que pruebe una tarta de menta.

Hoy no he podido desayunar, ya es medio día y todavía no he podido probar mi sagrado café. Hijos de mala madre los cumpleañeros invasores.


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