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Acabaré sumergiéndome en el mar

Esta noche he vuelto a soñar con agua salada y he recordado esta reflexión:

Son muchas las tardes en las que mi marido y yo salimos a caminar por la playa. En La Antilla, antes de que anochezca, la bajamar y los kilómetros de arena convierten el paseo en casi una exigencia porque, ¿quién puede resistirse? Al aire impregnado de salitre, a las nubes color fucsia, y al gris plata de la orilla.

Cuando Javier y yo caminamos, con paso firme, hacia esas nubes, el viento frío nos da de cara – los paseos son más intensos en invierno – cuando la playa está casi vacía, entonces al hablar el aire se mete en los pulmones con más dificultad, provocando en ellos un golpe seco. Pero pese a que las palabras salen entrecortadas por el esfuerzo, nuestras conversaciones durante esos paseos son muy francas: ponemos en orden nuestras ideas. Creo recordar que el nombre de nuestra hija, Lola, lo decidimos durante uno de estos paseos.

Siempre nos ponemos una meta, abandonamos el barrio de pescadores, donde siempre vemos peces muertos al lado de las barcas encalladas, y llegamos a las dunas, que comienzan a divisarse por detrás de los grandes hoteles, nuevas construcciones que contrastan con las pequeñas y desconchadas casas de los pescadores.

Al emprender el camino de vuelta ya nos lo hemos dicho todo. Ahora el viento nos empuja más rápido hacia casa. En silencio escuchamos el sonido de las olas, una mezcla entre chapoteo y rugido de tormenta, una mezcla de viento y mar, que ahora es de un color más oscuro, azul marino. Es el único sonido que parecemos escuchar, aunque si nos concentramos un poco también suenan nuestros pasos amortiguados por la arena, y la respiración de ambos: inspiramos fuertemente por la nariz.

Nos sentimos limpios, por ese aire que despeja los pulmones, y por el entorno, que despeja las ideas.

Sueños relacionados:

Inspiración III.

 

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El mar

Nombro mucho el mar y el Océano en mis sueños pero no he titulado ninguno como tal. Debo estar hecha de agua (¡ah! como todo el mundo) porque sueño mucho con el mar. Será que estoy hecha de agua salada. Y en el mar me quedaré; he soñado con una marea fuerte y turbia, pero aún así me he adentrado en el agua para nadar. Al alejarme las olas pierden su fuerza y doy brazadas tranquila, con la idea de volver pronto a la orilla. Pero en la orilla el mar vuelve a estar turbio y la marea tira de mí con fuerza, con tanto ímpetu que no puedo salir. Vuelvo a nadar mar adentro, hasta que las olas se calman. Es un espejismo, supongo, observar la orilla tranquila, me dirijo de nuevo hacia ella pero casi al poner un pie en la arena las olas se vuelven más grandes y tiran de mí. Y en el centro del Océano me sumerjo definitivamente y el color turbio, casi marrón, se vuelve azul, calmado e intenso. El mar me da la bienvenida.


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