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Mi primo Javier

 

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Tengo sueños recurrentes. Sueño con el miedo que toma forma, y con el agua que a veces me ahoga y otras me devuelve la vida. Sueño con serpientes, y con casas y pasillos interminables, de manera recurrente.

También hay personas que aparecen y desaparecen en mis sueños y uno de ellos es mi primo Javier. Curioso, teniendo en cuenta que en nuestra edad adulta hemos coincidido en contadas ocasiones. Vive fuera de España y en los últimos años, muchos, puedo contar con los dedos de una mano las veces en las que hemos hablado.

Pero aparece de manera intermitente en mis sueños, siempre para calmarme. Pocas conversaciones recuerdo haber tenido con él en estos encuentros. La última vez que nos vimos me contó como le había fabricado a sus hijas mayores unas cunas de madera. Y cuando rememoro estas conversaciones de manera consciente lo visualizo a él con una voz calmada, con un tono casi susurrante. Por esa razón quizás mi subconsciente ha guardado su recuerdo como un recurso al que acudir cuando en una de mis pesadillas necesito calma. Curioso.

Cuando era pequeña tenía auténtica devoción por su hermano mayor, mi poeta favorito, por lo que aparece Javier en mis recuerdos en un segundo plano, allí, siempre calmado. Y yo, que aspiro más a la tranquilidad que a la felicidad, debo tener muy bien aleccionado a mi subconsciente, que me lo trae de vuelta cuando, en mis sueños, necesito alguien que me ponga la mano en el hombro y me diga: “Tranquila”. Así ha sido la última vez.

Querido Javier, te tengo muy presente. Curioso que haya escrito este sueño escuchando fados.

 

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Espacios como fractales

Dicen, comentan los expertos en sueños que nunca se sueña con espacios desconocidos. Que aunque creamos que visitamos lugares nuevos, son siempre un reflejo de algo que ya hemos visto antes. No podemos crear imágenes nuevas en nuestro cerebro mientras soñamos. Eso se dice y se comenta.

Y es verdad que a veces sueño con lugares que reconozco perfectamente, y a veces vuelvo a adentrarme en casas que ya he visitado antes. Muchas veces sueño con casas en las que he vivido y que voy haciendo más grandes a cada paso que doy. Hoy me ha vuelto a pasar, pero os aseguro que he estado en una casa en la que nunca he estado. Podría ser, eso sí, que la falta de perspectiva me hubiera confundido, que me haya convertido en un ser microscópico y que en vez de habitaciones hubiera estado inspeccionando fractales.

Me contaron una vez que la existencia de Dios se podía demostrar con la definición de los fractales; puede que entonces haya estado buscando a Dios. Pero no lo he encontrado, y eso que he abierto todos los cajones con los que me he topado.

Por cierto, no estaba sola en esta casa pero tampoco he conseguido ver a ninguno de sus habitantes; solo los escuchaba abrir cajones como yo, pero en otras habitaciones. En la cocina he abierto un cajón donde me he encontrado gelatina de pescado resquebrajada. Y en un cajón de un armario de un pasillo he visto tornillos rotos.

Sueños relacionados:

Mi primera vida, mi primera casa.

La pequeña ciudad.

 


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