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La pequeña ciudad IV

Ahora Mateo se dedica a cuidar de los niños de los habitantes de la pequeña ciudad. Como siguen muy atareados subidos a sus lianas y construyendo sus casas, no tienen tiempo para leerles cuentos a sus pequeños. Todas las tardes, justo a la hora del té, los pequeños se dirigen a casa del contador de cuentos, que les espera es su casa a medio terminar, y que no estará lista hasta que todas las historias sean contadas.

Cada noche, cuando Mateo recoge sus libros de cuentos y los coloca en la librería, observa que su casa está más completa. Hay más sombras, más juegos de luz, las paredes están pintadas, y cada vez tiene más libros. Sus fotos están enmarcadas. Soy yo la que completa su casa, y su vida y sus cuentos, pero él no lo sabe. Cree que es magia. Quizás tenga razón.

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Categoría La Pequeña Ciudad.

 

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La pequeña ciudad

Casi diminuta, cabría añadir. Soñé hace años con ella y me maravilla descubrir cómo la recuerdo, casi al detalle. Por eso vuelvo hacia ella de vez en cuando, y la recorro de nuevo en mi cabeza. Cuando soñé con la diminuta ciudad, estaba en construcción, y sus diminutos habitantes se desplazaban con lianas de un lugar a otro para arreglar tejados, asfaltar calles o trasladar muebles pesados. Yo los encontré “a la vuelta de la esquina”, literalmente, ocupaban una esquina de una calle perdida de mi mente. Y como con mi tamaño natural me costaba mucho ayudar a sus habitantes, me convertí en uno de ellos, me hice diminuta y volé por sus tejados a medio hacer, y sus aceras diminutas.

De vez en cuando vuelvo a la pequeña ciudad, a veces con mi tamaño, a veces reducida a la estatura estándar de la pequeña ciudad. Me asomo para comprobar sus adelantos. Ya están casi todas las casas pintadas, pero algunas calles son de difícil acceso, por lo que si soy gigante, con la punta de los dedos hago volar el autobús lleno de niños chillones y lo traslado a la puerta del colegio; intenté también deslizar con mi mano el asfalto, pero no mido mis fuerzas y hay un barrio que se ha llenado de alquitrán.

Os dejo, tendré que convertirme de nuevo en pequeñita y arreglar este desaguisado. Otro día os hablaré más de la pequeña ciudad.


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