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Hotel California

De fondo Hotel California. Normal, como si estuviera viviendo la misma pesadilla. Pero es la mía y diferente, con Hotel California de fondo.

Yo también he tenido que correr, para escapar de “algo”, pero antes de salir me he cambiado de ropa tres o cuatro veces. Imaginaos, una bestia (But they just can’t kill the beast) queriendo entrar por la ventana y yo preocupada porque toda la ropa que me pongo es demasiado holgada. Los cristales de la ventanas rotos y el pantalón que no es pitillo (But you can never leave!).

Ahora sí, corro y estoy en una carretera conocida, me apetece correr, escapar me libera, pero voy con chanclas. No me encuentro con la chica, ni cuchillos, ni con el Capitán. Me descalzo y escapo de la bestia que se acerca. Viviría descalza, no me gustan los zapatos, pero me corto con los cristales de la ventana que creía a varios kilómetros de distancia: ´Relax´, said the night man.

Me siento en medio de la carretera y termino de escuchar los acordes mientras me devora la bestia.

Hotel California sigue siendo mi canción favorita.

 

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Una película de terror

 

Es lo que he soñado esta noche. He vivido una pesadilla de las más duras que recuerdo. Y os la voy a contar.

Esta noche he sido testigo de cómo en una hermosa casa residencial (muy americano este comienzo, lo sé) su dueña se ha dado el susto de su vida. Porque han entrado en casa su marido con una desconocida señora amenazándola con matar a sus dos hijos (un niño de unos seis años y un bebé de meses) si no hacía lo que le decían. Como era su marido quien le advertía, la sufrida madre al principio no ha hecho caso y ha visto cómo lanzaban al hijo mayor por las escaleras.

-Cariño, lo hemos hecho para que nos tomes en serio.

Después han cogido de su cuna al bebé y le han amenazado con tirarlo también si no dejaba de llorar. Mientras la desconocida mecía con cariño al pequeño, el marido le ha cortado a su mujer el pelo y se lo ha teñido de negro (es rubia). Cuando todo ha acabado y le acerca a su mujer un espejo, la desconsolada madre ve a través del espejo aparecer a su hijo mayor, el que supuestamente ha caído por las escaleras.

No entiende nada, aunque el alivio es supremo. Su marido le cuenta que ha sido objeto de una broma. Ella coge a sus hijos, sale despavorida de la casa y denuncia a su marido, le pide el divorcio y con la broma como prueba incluso consigue la custodia total.

Es como para volverse loco, y yo me pregunto, si sueño estas cosas, ¿en qué lugar quedo yo? ¿Me estaré también volviendo loca? ¿No será que veo demasiada mala televisión?


De arañas y hombres

araña

Mis tres hijos ocupan distintas partes de mis sentidos y mi cuerpo. Lola es mi cabeza, mis pensamientos. Ella es la que me hace pensar, y pienso si está triste, o contenta, o lo que hablamos lo pienso, y pienso y mi cabeza se despierta con ella y se acuesta con ella. Martina es mi corazón, ella se encarga de su funcionamiento, como un reloj, lo mueve, lo hace palpitar, le hace cosquillas con su risa, su buen humor, sus besos apretados. Javier ocupa mi tiempo, mi piel, es un bebé que me necesita para todo y yo le toco, y él me coge, y llora y ríe y se me ha pegado al cuerpo, y me encanta.

Sueño mucho con ellos, esta noche casi pierdo mi cabeza, y el corazón se me ha parado, y una capa de piel ha desaparecido y mi cuerpo ardía de dolor. Porque una araña gigante se los ha llevado y los ha separado y los ha enredado en su tela de araña. Sin cabeza no se puede pensar en cómo recuperarlos, sin piel no puedo dar un paso, y el corazón se mueve cada vez más lento. Pero me quedaban las manos, las que contienen las palabras con las que escribo, y he cambiado el sueño, y me he convertido en araña, y he tejido una gran tela de araña, y he capturado insectos para mis crías, para mi cabeza, mi corazón y todo mi tiempo.


Pesadilla poco confortable

PULPO

Esta noche he perdido los cojines de mi casa. Yo no los he perdido, porque soy muy ordenada, pero han desaparecido. No me importaría, os confieso, que me ocurriera algo así, porque a veces me dan ganas de tirarlos por la ventana y renovar.

Pero también han desaparecido los de los sofás, y las almohadas. No nos podemos sentar, y dormir tampoco. De manera que he tenido que salir en busca de los cojines, porque eso es lo que se hace en los sueños, cambiar de escenario y esperar a que salgan en escena. Y los cojines han aparecido en una playa, custodiados por unos pulpos gigantes que duermen apaciblemente mientras toman el sol. Duermen, apaciblemente, pero son una auténtica amenaza. Pulpos gigantes, bestias capaces de engullirte de una atacada si intentas cogerles algún cojín.

Me acompaña mi hija Martina que, pese a mis advertencias, quiere tocar a los pulpos, se acerca a ellos, corretea a su alrededor, se tumba a su lado, y se acomoda en una almohada rellena de plumas de oca… ¿Que si se han despertados las bestias? No lo sé, he huido de allí aterrada, con mi hija en brazos protestando, y hemos puesto rumbo a Ikea.


¿Qué es lo que provoca el miedo?

puertas

Esta noche he tenido una pesadilla de manual. Mi marido me ha tenido que despertar al escuchar mi respiración entrecortada. He estado varios minutos después, en la cama, temblando, incapaz de volver a cerrar los ojos.

En mi pesadilla estoy en un piso junto a mi hermana. Sabed que no tengo ninguna hermana; tengo dos hermanos más pequeños que yo, pero ninguna hermana. Pero esta noche mi hermana soñada me ha acompañado, es mayor que yo. Es de noche, tenemos que acostarnos y mi obsesión es conciliar pronto el sueño. Quizás porque sospecho que no estoy segura, quizás porque el entorno no es confortable, siento que no estoy en territorio amigo. El piso recuerda a aquel de la calle Aribau que tan bien describe Carmen Laforet en “Nada”.

Mi hermana (no tiene nombre) y yo estamos en una habitación, compartimos cama, y mis hermanos en la habitación contigua, ya profundamente dormidos. De repente mi hermana sin nombre escucha ruidos, me asusta, sale de la habitación, cierra la puerta, vuelve, me dice que no hagamos ruido, la puerta cerrada. Al poco rato (no me puedo dormir y me obsesiona conciliar el sueño), vuelve a escuchar ruidos, al menos eso asegura, sale y tarda en volver. Me armo de valor y salgo yo también de la habitación, siento escalofríos, el peligro es inminente. La persigo por un pasillo, pasamos por la habitación donde duermen plácidamente mis hermanos, nos acercamos al baño, ella entra primero y se encierra, me deja fuera, me deja expuesta.

Mientras me aferro al pomo de la puerta, lo intento doblar con fuerza, dudo entre seguir forzando la puerta o acercarme al cuarto donde están mis hermanos, con el consiguiente riesgo de encontrarme aquello que me provoca tanto miedo. A lo mejor es todo una broma, porque yo no he visto nada, pero estoy temblando. En ese momento me despierta mi marido y decido que ya no lo quiero comprobar; ¿quién querría volver con una hermana que te asusta de esa manera?

Haciendo balance de lo que me ha pasado, no ha habido nada en concreto, ningún “sujeto, animal o cosa” que me haya hecho temblar. Ha sido la posibilidad de ese algo lo que me ha provocado tanto miedo.


La niña pizpireta y entusiasta (versión pesadilla)

Esta noche me he encontrado con la niña pizpireta y entusiasta. Me ha hecho mucha ilusión, porque es tan pizpireta y entusiasta que alegra el día a cualquiera. Me ha cogido de la mano y me ha enseñado todas las cosas que ha hecho en los últimos meses, en los que no me había encontrado con ella.

Ha pintado un mural con dibujos alegres en su casa, y ha empapelado con poesías una pared. Yo me disponía a leer unos cuantos versos, pero ella no me ha dejado, porque es tan entusiasta que no quería perder tiempo en enseñarme las flores que ha plantado en su jardín.

– Pero, hace calor. ¿Por qué no esperamos a que refresque un poco?

– ¡Porque hay que verlas ya!

Los ojos abiertos y siempre alegres de la niña pizpireta y entusiasta diría que han ganado profundidad con ese grito, cierta oscuridad a la que no he querido hacer mucho caso. Al fin y al cabo entiendo su impaciencia por enseñarme TODO, porque hace tiempo que no nos vemos. Pero la verdad, casi no he podido oler las flores del jardín, la niña me ha cogido la mano fuerte, demasiado, y ha tirado de mí por un camino infinito. Ya me está asustando la niña pizpireta y entusiasta, que definitivamente está cambiando el color de su mirada.

Ya la niña no mira con el color del mar transparente, juraría que he visto en ella una mezcla de cemento y cenizas grisáceas. Estoy cansada y no paramos de andar; ahora quiere enseñarme un árbol del que crecen zapatos, o eso me asegura, pero no lo encontramos. He cruzado varias paredes, y cuando estoy dentro de ellas me siento ahogada; ahora prefiero no soltarme de la mano de la niña etérea que cruza paredes.

Que me despierte sudando últimamente es normal.


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