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No es que se acerque Halloween (Historias para no dormir I)

león

He dormido profundamente, pero el sueño que he tenido esta noche es para haberse despertado sobresaltada y no volver a pegar ojo.

Imaginaos un grupo de “personajes peligrosos” de mediados del siglo XX. En alguna ciudad europea… Si estuviera iniciando el guion de una película, o tuviera que preparar el atrezzo, éstas serían las primeras vagas anotaciones: maleantes peligrosos en una ciudad de Europa del Este. Vivan los clichés.

El escenario que ha creado mi subconsciente es éste. Y yo formo parte del grupo, no digo que tuviera una gabardina y una boina pero me podíais imaginar así. Uno de nuestros amigos vive en un perpetuo desconsuelo porque sabe que le van a matar. Nosotros no le hacemos mucho caso, pero nos advierte que un grupo rival va a por él. Suda, está consumido, mientras los demás bebemos alegremente.

Y de repente… el tiro en la frente, la cara rígida, blanca, la muerte. Tenía razón, querían matarlo. El jefe de nuestro grupo está rabioso, descorazonado, quiere vengarse.

Conseguimos llegar hasta ellos y, en medio de la calle, soltamos un león que destroza y devora a dos de ellos mientras mi rabioso compañero se carga a otro metiéndole una aspiradora por la cabeza y triturándole. Los gritos son espeluznantes.

Esta mañana me he quedado en la cama pensando en las dos opciones. Os pregunto, ¿preferiríais vivir angustiados sabiendo que vais a morir pero que la muerte fuera rápida, indolora, como la bala en la frente? ¿O es mejor la opción de vivir alegremente, sin esperar la muerte, pero cuando llega tenéis que pasar un rato de auténtica tortura?


Otra dimensión. ¿He muerto?

reloj

Esta noche he tenido un sueño algo angustiante. Al principio era reconfortante porque he visitado la casa de mi abuela María, que murió hace veinte años y cuyo piso ya no existe como tal. Pero al ser un lugar que me encantaba visitar durante mi infancia, lo recorro recurrentemente en mis sueños y es agradable estar allí de nuevo.

Lo de hoy ha sido diferente. He entrado allí, tal y como lo recuerdo, pero con la edad que tengo ahora, en mi presente. Me he encontrado con mi abuela que me da la bienvenida encantada y me pregunta por cómo ha ido mi vida en estos últimos años. Sobre todo hablamos de mis hijos, que no ha conocido. Y me explica que ella es consciente de que ha muerto, y que desde entonces vive en su casa, aunque esa casa como tal ya no existe en el mundo real. Parece que nos encontramos en otra dimensión y que hasta ahora sólo yo he podido cruzarla. Por tanto es la primera que recibe visitas en veinte años. Comentamos, mientras me hace mi comida favorita, que sería estupendo que el resto de la familia consiguiera pasar a su dimensión. Recibir visitas aunque ella no pueda salir del piso.

“¿Lo has probado?”-, le pregunto. Parece que puede abrir la puerta principal y asomarse al portal, pero cuando sale, los espacios cambian y vuelve a entrar. También le pregunto por la comida, por lo visto escribe un menú y se llena la nevera por las noches de lo que necesita.

Sigo muy intrigada sobre la posibilidad de entrar y salir (como si lo demás no fuera intrigante ya de por sí). Si nos asomamos a la calle aparece como es ahora, actualmente, pero no puede abrir la puerta de la terraza. ¿Y el patio interior? Puede asomarse, nota que le llega el aire, y escucha sonidos de vida, ascensor, voces, electrodomésticos… Ha intentado saltar, pero al hacerlo, los espacios cambian y vuelve a subir.

Curioso es que pueda ver la tele, y le llega la información actual. Me comenta la preocupación por temas recientes. Luego he pensado que podría haber probado a utilizar mi móvil o preguntarle si le funciona el teléfono, pero eso no se le ha ocurrido a mi subconsciente. Lo que ha hecho el muy simpático es enviarme un poco de miedo: aunque comenzaba a disfrutar de la sobremesa con mi abuela, no he podido echar una siesta en su mesa de camilla porque me han asaltado varias dudas:

– ¿Y si quiere retenerme aquí para siempre?

-¿Y si no me despierto más?

-¿Podré salir de esta casa?

-A ver si es que yo también he muerto.


Adiós sentimiento de culpa

ventana

Que me provocas pesadillas. Adiós, adiós. Te has convertido en una cadena demasiado pesada de llevar, atada a mis pies. Es que no puedo dar un paso más llevándote a cuestas. Doy pasos, pero en círculo, no avanzo.

Creía que si te abandonaba sería menos empática con el sufrimiento de los demás, pero ya no lo creo. Creía que me descontrolaría, pero ya no lo creo. Tenía miedo a que si te dejaba en el camino iba a sentirme culpable, pero ya no tengo miedo. Creía que iba a ser menos responsable sin ese tirón en los pies, pero ya no lo creo.

Me resisto a dejarte, por si darte la espalda es dar la espalda al orden que tanto me gusta, por si al sentirme ligera me voy a volver más egoísta; pero voy a dar esos pasos, tranquila, despacio… y si cojo carrerilla me haré un salvavidas de palabras, pero no de sentimiento de culpa.

Estás en mi pasado, te huelo en mi futuro, estás en mi ADN pero me voy a rebelar. La atmósfera que me rodea es más pesada de lo normal, y yo estoy acostumbrada a tejer con ese aire plomizo mis relatos y mis cuentos. Me da miedo quedarme sin ese espacio cargado, pero quizás encuentre materia nueva en la ligereza con la que ansío avanzar.

Creía que si te dejaba iba a dedicarme a mirarme el ombligo, incluso_ qué torpe eres a veces, sentimiento de culpa_ que iba a caer en un hedonismo extremo sin importarme en absoluto los problemas de los demás. Pero ya no lo creo. Creía que si te abandonaba iba a perder mi fe, esa que tiene la textura tan fina y con la que hago siempre juegos malabares para que no se me escape de entre los dedos. Ya no lo creo, aunque Dios y yo tenemos una conversación pendiente que ya no te voy a contar.

Te he confundido con un guía que me lleva por el buen camino. Pero has ralentizado mis pasos, y el camino se bloquea. Me voy a asomar a esa otra ventana, no voy a lanzarme al vacío, sólo asomarme y respirar un aire menos pesado.


Sigo soñando

ojos

Hoy SUEÑOS “DISPARATE”, este blog, cumple cinco años. Y sigo soñando. Hay nostalgia, humor, sueño con la muerte, con serpientes, música, casas, ciudades; dando pasos viajo por el tiempo.

Recorro el mundo, los años e incluso mi cerebro. Mi subconsciente me acompaña, eres pícaro subconsciente, a veces cruel. Cinco años tomando forma, regalándome sueños, caricias, también pesadillas, relatos.

Sigo soñando con palabras.


Blanco

Entre tanto sueño llegaste y me dejaste en blanco. Te colaste en los sueños de colores, los optimistas, y en los negros, te colaste en las pesadillas y me hiciste olvidarlas todas.

No te creas, no me gusta quedarme en blanco.

Sueños relacionados:

Sueño en blanco.


Desnuda

desnuda

Me presento ante vosotros desnuda, que es como me siento en mis sueños. Comprenderéis que hablo en el sentido figurado, pese a que cuando hace calor también sueño desnuda, hablando de piel. Pero la desnudez de mi sueños, sea desnuda o tapada con una manta que me protege, es la de mi subconsciente. Debe estar en paz conmigo, él, porque le doy más voz de la que ningún subconsciente pudiera imaginar. Le doy identidad, casi le falta un nombre. Le cuido y a veces se porta mal conmigo, enviándome pesadillas.

Pero claro, como soy yo, soy benévola con él, y me dejo desnudar. Y me dejo acariciar mi piel que se compone de capas muy finas, sólo por él. Dar autonomía a tu subconsciente supone no tener nada que esconder, es un ejercicio de libertad inimaginable.

Se activa con la música, y se mueve por mi cuerpo como una serpiente.


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