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Otra dimensión. ¿He muerto?

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Esta noche he tenido un sueño algo angustiante. Al principio era reconfortante porque he visitado la casa de mi abuela María, que murió hace veinte años y cuyo piso ya no existe como tal. Pero al ser un lugar que me encantaba visitar durante mi infancia, lo recorro recurrentemente en mis sueños y es agradable estar allí de nuevo.

Lo de hoy ha sido diferente. He entrado allí, tal y como lo recuerdo, pero con la edad que tengo ahora, en mi presente. Me he encontrado con mi abuela que me da la bienvenida encantada y me pregunta por cómo ha ido mi vida en estos últimos años. Sobre todo hablamos de mis hijos, que no ha conocido. Y me explica que ella es consciente de que ha muerto, y que desde entonces vive en su casa, aunque esa casa como tal ya no existe en el mundo real. Parece que nos encontramos en otra dimensión y que hasta ahora sólo yo he podido cruzarla. Por tanto es la primera que recibe visitas en veinte años. Comentamos, mientras me hace mi comida favorita, que sería estupendo que el resto de la familia consiguiera pasar a su dimensión. Recibir visitas aunque ella no pueda salir del piso.

“¿Lo has probado?”-, le pregunto. Parece que puede abrir la puerta principal y asomarse al portal, pero cuando sale, los espacios cambian y vuelve a entrar. También le pregunto por la comida, por lo visto escribe un menú y se llena la nevera por las noches de lo que necesita.

Sigo muy intrigada sobre la posibilidad de entrar y salir (como si lo demás no fuera intrigante ya de por sí). Si nos asomamos a la calle aparece como es ahora, actualmente, pero no puede abrir la puerta de la terraza. ¿Y el patio interior? Puede asomarse, nota que le llega el aire, y escucha sonidos de vida, ascensor, voces, electrodomésticos… Ha intentado saltar, pero al hacerlo, los espacios cambian y vuelve a subir.

Curioso es que pueda ver la tele, y le llega la información actual. Me comenta la preocupación por temas recientes. Luego he pensado que podría haber probado a utilizar mi móvil o preguntarle si le funciona el teléfono, pero eso no se le ha ocurrido a mi subconsciente. Lo que ha hecho el muy simpático es enviarme un poco de miedo: aunque comenzaba a disfrutar de la sobremesa con mi abuela, no he podido echar una siesta en su mesa de camilla porque me han asaltado varias dudas:

– ¿Y si quiere retenerme aquí para siempre?

-¿Y si no me despierto más?

-¿Podré salir de esta casa?

-A ver si es que yo también he muerto.

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Sueños sin sentido (y divertidos) VII

Me he comprado un pisito al lado del Tex Mex. ¿Que qué Tex Mex? Ahora mismo no sabría deciros si es una tienda o un restaurante mexicano o un centro comercial o un parque temático. Pero en el sueño es un sitio muy importante, si quieres ser alguien en mi sueño tienes que conocer el Tex Mex; haber estado allí alguna vez. Así que imagináos el triunfazo de vivir al lado. Ya me puedo morir tranquila.

Voy a conocer mi piso nuevo, mi pisito que resulta estar abierto de par en par para quien quiera entrar. Vaya, no voy a tener intimidad. Pero por otro lado, está al lado del Tex Mex… ¿qué hacer? Ya sé, voy a preparar un cuarto de invitados para los visitantes, así muy mono con dos camitas y las colchas moradas. No me preguntéis por qué moradas, a mí no es un color que me entusiasme, pero en el sueño lo importante en la vida es el Tex Mex y el color morado, será porque es el color del mole y en mis sueños, acordáos, la comida sabe siempre a mole, esa salsa de la cocina mexicana a la que no me termino de acostumbrar.


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