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Traveler

Larga charla con Traveler sobre la locura. Hablando de los sueños, nos dimos cuenta casi al mismo tiempo que ciertas estructuras soñadas serían formas corrientes de locura a poco que continuaran en la vigilia. Soñando nos es dado ejercitar gratis nuestra aptitud para la locura. Sospechamos al mismo tiempo que toda locura es un sueño que se fija.

Sabiduría del pueblo: “Es un pobre loco, un soñador…”.

Rayuela. Del capítulo 80. Julio Cortázar.

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Rayuela.

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Rayuela

Encontré en “La bendita manía de contar” de García Márquez cierta soberbia, y yo me muevo más entre las medias verdades, que son las verdades verdaderas. Aprendí a vivir con ello y a no justificarme por mi tolerancia mal entendida; lo que Julio Cortázar, o más bien Horacio Oliveira llama “duda inteligente, vaivén sentimental”. Sobre el vaivén construyo yo una casa sólida como una roca, sin vaivenes.

Y mientras leo “Rayuela” siento cierta vergüenza por descubrirte tarde, pero también en que nunca es tarde, y en la frescura que me otorga la falta de soberbia, aunque quede un poco soberbio decirlo. Y ahora directamente te digo: “Vos”, vos estáis en el mismo barco.

Creo que pensar en situar, razonar y justificar cada paso que doy cansa, me hace perder el tiempo; a veces lo pienso. Pero entonces leo libros y me doy cuenta que en cada pensamiento y razonamiento y justificación de mi actuar está el fin al que quiero llegar, del que aprendo; el espacio entre dos partículas de aire que no me pierdo.

A veces huelo los libros que me estoy leyendo. Y pienso que tengo mucha suerte de perder así el tiempo.


Sueños sin sentido (y divertidos) VI

Por eso me río, porque sueño sueños divertidos y, me lleno el día, las mañanas sobre todo, de esos recuerdos absurdos y sin sentido que forman parte de mí. Y que me explican quién soy, más allá de una escritora (lo intento), una chica con el pelo corto y gafas de sol que anda con los pies hacia fuera, una madre.

Cierro el círculo con esos recuerdos divertidos, con esas aventuras a las que me agarro cada noche, para que mi subconsciente me diga si tengo alguna carencia, o si me acuerdo de alguien, o si hay partes de mi cerebro oscuras a las que me puedo asomar.

Y así son mis sueños sin sentido y divertidos; ayer recorrí el mundo dando voltereras, y esta noche me he ido con un compañer del colegio a jugar, a jugar al patio del colegio donde estudié. Un patio que supongo que ahora ya no, pero que hace tiempo estaba compuesto por una grava que nos dejaba las rodillas levantadas. No había día que no llegara con una herida a mi casa.

Mi amigo pelirrojo y yo hemos estado corriendo, él era el más veloz, y hemos sacado de un agujero de la pared unos cromos y unas tizas que escondimos alguna vez. Los cromos los hemos lanzado al aire y con las tizas hemos pintado en el sueño una rayula. Esta vez no he tropezado; casi volaba a cada salto, del uno al diez.


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