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No es que sueñe

Por las noches no sueño, en realidad me traslado a otro lugar y luego os cuento donde he estado.

Mi subconsciente, mi compañero, al que temo en ocasiones por su lado perverso, desconocido, me abre una puerta justo cuando entro en la fase REM del sueño. Me invita a entrar y NUNCA puedo resistirme, NUNCA le digo que no. No sé lo que me espera al cruzar la puerta, pero yo entro, y viajo y sueño.

No es que sueñe, voy dando pasos guiada por mi subconsciente. Al principio el horizonte es negro, pero a cada paso que doy va cambiando el panorama de color, de olor, a veces hace frio y otras calor. Muchas veces voy moldeando espacios cerrados, casas, puertas, pasillos. Otras veces vuelo en cielo abierto. El mar siempre a mis pies, no puedo evitar sumergirme en él para respirar con mis branquias.

No es que sueñe, tampoco duermo.

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Recuerdos (Losing my Religion)

Recopilar recuerdos es cansado, quizás por eso me he levantado hoy con mucho sueño, o a lo mejor porque es lunes y el peso de la semana se acomoda tranquilamente en mi espalda. Recuerdo que he estado recopilando recuerdos. Toda la noche soñando con objetos a los que podría etiquetar con varios adjetivos, todos con un tinte nostálgico: objetos tristes, objetos gastados, viejos, evocadores, recuerdos que ya no están al fin y al cabo.

¿Os habéis preguntado alguna vez qué guardaríais en una maleta si tuvierais que abandonar vuestra vida? ¿Y si pudierais recorrer los años vividos? Yo he estado esta noche en el primer dormitorio que recuerdo fue mío y he abierto la mesita de noche en busca de una hormiga. Guardé durante meses una hormiga en mi mesita de noche y un día me la comí, estaba picante. No había cumplido los cinco años. La maleta pesa aunque sólo haya metido una hormiga, y es que el bichito representa el recuerdo entero de ese cuarto: una nana que me cantaba mi madre antes de acostarme, dar botes en la cama, el nacimiento de mi hermano Juan, llorar para ir al colegio… La maleta ya va pesando, sí.

Los sueños te permiten viajar en el tiempo, y visitar tu clase en el colegio, que puedes incluso oler, a un lápiz al que acabas de sacar punta. El lápiz también me lo llevo, y la maleta pesa porque contiene el recuerdo de más de diez años. Antes de abandonar el cole me he fumado un cigarro a escondidas, en la sala de profesores. Los recuerdos pesan.

Los años de Universidad los he condensado en una canción, Losing my religion, de REM. Hay tres objetos en la maleta, el cuarto es una tijera con la que me corté el pelo, un antes y un después.


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