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Si alguna vez te ves inmerso en una pesadilla, con el vértigo que conlleva el tener que esconderte porque te persiguen, y a la vez con la curiosidad propia del “qué pasará a continuación”, lo mejor es no plantearte por qué estás soñando con sangre y simplemente dejarte llevar. Eso es lo que yo he hecho esta noche, porque no sabía muy bien adónde me llevaría mi pesadilla, y la verdad es que hemos hecho, mi pesadilla y yo, un viaje alucinante.

Sí, hay tiros, y zombis y sangre, pero también una historia de amor.

Creeréis que soy una buena espectadora de películas de terror, pero no es el caso, sólo me divierto con estas cosas cuando las sueño. El porqué nunca lo sabré.

Dicho esto, formo parte de un equipo médico y, cada vez que dirijo la mirada a uno de mis compañeros, alguien dispara hacia ellos y les explota la cabeza. Cae uno detrás de otro, ¿seré yo la que está disparando? No lo sé, parece que no llevo ningún arma encima. Subo por unas escaleras y luego subo en un ascensor, y luego subo a un autobús y viajo hacia Miami porque ya no soy médico, ahora pertenezco a un grupo de cheerleaders. Pero antes de llegar a Miami han muerto todas mis compañeras: las miro y les disparan. ¿Os imagináis el cosquilleo que siento en mi espalda cada vez que oigo un disparo? Porque los siento justo detrás de mí.

Escapando de toda esta locura viajo al futuro y descubro que me ha estado protegiendo un francotirador de los médicos y las cheerleaders, que en realidad eran zombis. Sí, me he casado con el francotirador y tenemos un niño de seis años, y vivimos a seis horas de Miami con seis gatos.

 

 


No soy dueña de mis actos

Estoy soñando, me encuentro en una casa que no es mi casa, como tantas otras veces, me acuesto en una cama que no es mi cama y me dispongo a descansar. Pero antes de cerrar los ojos aparece a los pies de la cama una cabeza parlante. Fea, fea con avaricia y descaro. Asusta, pero cuando comienza a hablar paraliza todos los músculos de mi cuerpo. 

Y como estoy paralizada, la cabeza exhala su aliento putrefacto y el calor de ese aliento dirige mis movimientos. La cabeza habla y yo actúo. Da igual cómo es la cabeza, es fea y no tiene cuerpo, de manera que es mejor que le haga caso. No tengo más remedio que hacerle caso, porque cada vez que abre la boca parece hipnotizarme con su aliento.

Así es como me he levantado de la cama, he bajado unas escaleras de mármol y lo siguiente que recuerdo es haber subido de nuevo las escaleras con los pies descalzos llenos de sangre. Mis huellas rojas en la escalera de mármol. La cabeza me espera.

Así es como he manchado de sangre toda la casa que no es mi casa, sin yo quererlo en absoluto. Hasta que se me ha ocurrido que la cabeza silbante podría dejar de hablar. Sólo he tenido que cogerla y tirarla por la ventana; casi se me resbala de entre mis dedos ensangrentados, pero he conseguido sujetarla con fuerza, para luego hacerla volar.

La cabeza parlante ha dejado de hablar, para el resto de la noche.


Un acto de amor

Cogió él una cuchilla de afeitar y la deslizó entre sus dedos; con la sangre acarició los labios de ella y le dijo: “Me tienes hechizado”. Se besaron.

Sueños relacionados:

Un acto de amor II.


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