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Me perdería en tus ojos

Frase que tenía catalogada como cursi, insertada a fuego dentro del ideario del mal ligón. Pero esta noche he soñado con unos ojos que han dado sentido a esa frase, me perdería del todo en ellos. Se puede tardar en mirar a los ojos un instante o quizás algo más de un segundo. Igual que respiramos de manera inconsciente o nos tomamos nuestro tiempo en inspirar y espirar, y lo saboreamos más.

He mirado a esos ojos del color del azúcar cuando comienza a quemarse. Y me ha dicho que me conoce, que sabe lo que pienso, que no me preocupe, que serán los únicos ojos en los que encontraré complicidad. Me ha contado infinidad de cosas en algo más de un segundo. Ha desaparecido el resto del mundo, se han evaporado las personas que me rodeaban, pero no he perdido el equilibrio, como cuando centras tu mirada en un punto fijo.

Y ahora puedo volver a revivir esa sensación cada vez que quiero, no sin cierta nostalgia, gracias a un subconsciente que me provoca muchas pesadillas, pero que también me regala una mirada en la que perderme.

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Portugal

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No siento saudade en Portugal, si acaso cuando no estoy allí. Me siento feliz porque creo que el aire de este país es menos denso. Pesa menos porque el aire sobrante lo condensan con el fado, lo cantan y se lo lleva el Atlántico.


Poeta

Esta noche he soñado con él pero no podía llamarle por su nombre. A oscuras intentaba subir una escalera y tropezaba; ha aparecido de la nada para darme la mano y ayudarme a subir. Quizás he soñado con él porque a veces, ordenando mis libros, encuentro su poesía, se cuelan entre mis libros sus libros.

No podía llamarle por su nombre; cuando hemos subido la escalera seguíamos a oscuras, y yo me dirigía a él con otros nombres, le he llamado Mario Luzi, y también Gil-Albert, y le he llamado Eliseo, y Rafael. Y sí, hemos vuelto a ver fotografías, a oscuras, “esa trampa que incita a la memoria”, y le he llamado Insomnio, y le he llamado Ángel Desconocido, Hijo Póstumo, y le he llamado Luis.

No escribo poesía porque creo que los poetas son pacientes, mi prosa es impaciente, no sé danzar.

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Soñando.


Añadir nueva entrada

Eso me pide wordpress cuando decido escribir un nuevo post. Si no escribo un título pronto se autonombra por defecto “añadir nueva entrada”. Y todo un mundo de posibilidades se abre ante mí, que no soy la que escribo, es mi subconsciente, y me sorprendo. Todavía me sorprendo de que mis dedos tecleen y escriban las palabras que le dicta el subconsciente. Todavía me sorprendo, me emociono todavía, me emociono escribiendo. ¿Será posible tener tanta suerte o es Caetano Veloso que me susurra al oído el que me emociona?

Puedo contar que he soñado con ese concierto de fados al que quería asistir contigo. Mi subconsciente abre esa puerta, y me acurruco en el cuartito de mi cerebro en el que me siento tan cómoda, el de la nostalgia, la dulce nostalgia con la que he aprendido a bailar y a la que prefiero llamar saudade. Mi pasión por Portugal…

Sí, mi subconsciente ha abierto esa puerta de par en par esta noche; quería recordar todas las letras de los fados y desenredar algunas madejas de colores olvidadas en un rincón. Desenredo mientras escribo.

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La pequeña ciudad.


Nostálgica sin remedio, viajera incansable sin abrir los ojos

soñando

Y recorrí el mundo sin salir de un pasillo a oscuras. A través de los olores lo recorrí, y tanteando texturas, las de la pared, las del algodón, las texturas aterciopeladas de dos vidas dormidas.

Me quedé un rato sentada en el pasillo oscuro y percibí un intenso olor a colonia; entonces viajé a una madrugada, miles de madrugadas, en las que sentía frío, frío por quedarme sola, durante horas, en el colegio, rodeada de niños y tremendamente sola. Horas interminables, días tan largos.

Como el pasillo encierra todo el mundo, es muy extenso, y me puedo levantar y andar sin temor a llegar al final. Pero aún así tengo miedo de toparme violentamente con la salida, así que voy tanteando, con mis brazos extendidos, las paredes del pasillo. Y toco una pared rugosa, y viajo de nuevo, esta vez a un dibujo de otra pared que quizás ya esté derruida, pero que yo tocaba con el dedo para quedarme dormida. Un dibujo hecho con una gota de pintura, acumulada caprichosamente en un rincón del cabecero.

Avanzo hacia un lugar donde parece que no hace tanto frío. Entro en una habitación cálida, y me acurruco en el suelo para dejar de pensar.


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