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Sueño a medias, pesadilla a medias

encapuchadoSoñar con un asesino en serie puede considerarse como una pesadilla en toda regla, pero yo me he quedado a medias esta noche, la verdad. Un susto tras otro interrumpido no sé si me ha producido miedo o desasosiego.

Estaba yo profundamente dormida cuando he vislumbrado una sombra acercándose a mi cuarto: mi cuerpo se ha quedado paralizado, he sentido una tensión indescriptible esperando ver quién era el dueño de esa sombra y si venía a hacerme daño. Pero de repente la sombra retrocede, y avanza, y retrocede. Entonces un hombre vestido de negro con un pasamontañas muy mal puesto se acerca y me dice al oído: “Perdona, quería haber hecho una entrada más espectacular pero he dudado entre andar de puntillas o llegar de un salto”.

Pese a las dudas iniciales me ha atado de pies y manos y… por arte de magia (y de los sueños) hemos llegado volando a un almacén vacío. Aquí “mi amigo” duda entre matarme con un cuchillo o de un disparo, y además no se acuerda muy bien de si tenía que hacerme confesar algo. Mientras se lo piensa le pregunto si es un asesino en serie porque ha matado a más personas con este peculiar método de la duda eterna, o se estrena por estos lares.

– Tendría que denominarme de otra manera, ¿verdad?

– No te preocupes, yo te llamo asesino en serie porque el sueño así me lo marca.

– Pero entonces, ¿esto es un sueño? Menos mal, porque no me apetecía nada matar a nadie.

– Bueno, pues devuélveme a mi dormitorio que no tengo ganas de comenzar el lunes con sobresaltos.

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¡Mmm, qué beso!

El uno frente al otro, como si no nos hubiéramos visto en mucho tiempo. Observándonos por tanto con curiosidad y sorpresa. El beso, primero rozando los labios contra los tuyos, luego apretando los labios contra los tuyos. Te beso, y me da la sensación de que no me queda tiempo, te beso con prisa, con pasión, succiono tu labio superior y tú estás más entretenido en palpar mi cuerpo; tus manos descansan en mis caderas, que han ensanchado porque ahora soy madre. Y te gusta eso, porque sabes que soy más sabia, que te arranco los labios con mis dientes, mientras perfilas mis caderas con tus manos.

Y cuando sueño con ese beso me sonrojo, y me río y me emociono. Luego te lo cuento y te beso.


Insomnio (Queridas Vos)

El insomnio ha vuelto a visitarme. Hablo de él como alguien con entidad propia porque es denso, un cuerpo que me presiona, un viejo conocido al que le gusta poner sus manos sobre mi garganta y abrirme los ojos para ver la oscuridad.  Parece que ha vuelto para decirme algo. Y yo que creía que me había deshecho de él y esta vez incluso quiere hablarme. No se conforma con hacer acto de presencia, quiere más, quiere robarme el sueño, me quiere a mí. De nada sirve resistirme, porque no me deja respirar. No me deja evadirme, no me deja pensar y cada vez es más oscuro y tiene mayor entidad.

De nada sirve que le insulte porque se ríe de mí y traspasa mi cuerpo en forma de calor.

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Y una, que es madre, desgrana hasta las cinco o seis de la mañana vuestro presente, pasado y futuro. Porque al pensar en vosotras me voy completando, ya que os siento como una prolongación de mi cuerpo y sobre todo de mi alma. Y una, que es madre soñadora, escribe sobre vosotras y memoriza vuestras palabras y los lunares de tu espalda. Y los ojos tristes de Lola y la sonrisa limpia de Martina.

Y el insomnio se va, por esta vez.


El Miedo

Me ha ocurrido una cosa extraña esta noche, he soñado con un sueño “disparate” que no había escrito: El Miedo. Parece que mi subconsciente sigue enviándome mensajes por lo que le voy a hacer caso y voy a escribir sobre lo que me provoca miedo. Antes comentaros que ese subconsciente ha tomado la forma de un amigo de la infancia, quizás el primer amigo del que tengo constancia, Gonzalo. Y me lo he encontrado en una casa y me ha rescatado de una discusión y me ha metido en una habitación de la que recuerdo que el sonido estaba amortiguado por estar presidida por una moqueta.

Gonzalo me ha tranquilizado, pese a que la conversación versaba sobre el terror: “Hablemos de este sueño. Quería comentarlo contigo, porque quiero que me expliques exactamente qué es lo que te da miedo”.

EL MIEDO

Como hablo mucho de la muerte podríais pensar que es lo que más miedo me provoca; pero la muerte me genera desconcierto, no miedo. Y no puedo controlar el miedo a que me regañen, a que me lleven la contraria con tono vehemente, porque lo interpreto como una regañina y no soy capaz de replicar con el mismo tono. Por tanto, y aunque os parezca una cobardía, enfrentamientos los mínimos.

Me da miedo perder la coherencia (que no es igual que cambiar de parecer), y sentir pena de mí misma, provoca una tristeza indescriptible. Tengo miedo al sufrimiento de mis hijas. Me dan miedo los animales (especialmente los gatos y las serpientes). Tengo miedo de ahogarme, pese a que acabaré sumergiéndome en el mar. Y a lo que más tengo miedo es al dolor. El dolor me da pánico.


Juergas y sueños

Una combinación explosiva, tener una juerga en un sueño. O intentarlo, porque creo que mi subconsciente ha evitado a toda costa que consiguiera salir de mi casa, o de alguna parte hacia alguna parte. Una juerga con mi amiga Inés, con la que en la vida real más noches he salido de marcha, en esa época en la que prácticamente vivíamos en la calle, y nada más que queríamos calle y más calle. Esta noche he rememorado ese tiempo, pero con la mentalidad de hoy. Parecía que mi cabeza se debatía entre las ganas de salir y la responsabilidad, que me decía: “Mañana te vas a arrepentir, te dolerá la cabeza…”.

Sí, a veces mi amiga y yo estábamos ya bebiendo copas, otras veces no habíamos salido todavía de casa, a veces casadas, otras no, a veces Inés era madre de tres niños (esto es verdad) y tiene que volver a casa a cuidarlos, otras no. En alguna ocasión han aparecido amigos de la Universidad, y nuestros maridos borrosos, en alguna esquina de una discoteca demasiado ochentera para mi gusto. Y en algún momento he vuelto de nuevo a mi casa (una mezcla entre la casa de mis padres y la mía actual), y me he debatido entre salir con el coche o no: “Quiero beber grandes cantidades de alcohol, por lo que no cogeré el coche, pero ¿cómo me traslado de una punta de la ciudad a otra? ¿Y cómo voy a beber si vienen conmigo mis dos hijas?”. Esto de salir parece misión imposible, pero de repente mis hijas no son una niña de siete y otra de tres años sino que se han convertido en mis hermanos, dos adultos que se las pueden arreglar solitos. Uff, ¡qué alivio!

Pero entonces… se está haciendo tarde y todavía no me he arreglado, son las doce de la noche. Tengo que explicaros que en esa época a la que aludía al principio de este sueño, quiero pensar que no hace tanto tiempo, quedábamos a las doce de la noche. Pero ya os digo que mi subconsciente es el del presente y me dice: “¡Qué pereza salir tan tarde!”.

Pensaréis que soy un poco aburrida, pero más bien soy la chica cansada. A lo mejor dentro de unos años ya he descansado lo suficiente y vuelvo a cogerle el gusto a vivir en la calle.


Inspiración VI

Cuando sueño desaparezco, cuando escribo desaparezco, me convierto en agua. En ocasiones convulsiono, y me convierto en mar violento.

Sueños relacionados:

Inspiración III.

El mar.


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