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Sueños sin sentido (y divertidos) X

Después de haberme convertido en médico a tiempo parcial, en vampiro, haber recorrido el mundo haciendo volteretas e incluso haber tenido un accidente de camino a un cumpleaños infantil, después de todo, esta noche he soñado con algo aparentemente trivial.

Pero, ¿qué es trivial en el mundo de los sueños? Nada. Por eso una tranquila conversación se ha convertido en nada y en muchas cosas. Si recuerdo lo que he soñado visualizo una mesa y dos sillas, dos personas, una de ellas yo, y palabras. Poco movimiento, pero muchas palabras. Mi interlocutor ha ido cambiando a lo largo de la noche y, al final, ha aparecido a mi lado el CONTACHISTES. Algunos no lo sabéis, pero soy la persona más lenta en coger el sentido de los chistes, las bromas, las frases con doble sentido del mundo. Desespero al más gracioso de los contachistes porque me río con efecto retardado, unos cinco minutos después.

Así que alguien se ha vengado de mí esta noche y me ha hecho reír a carcajadas, hasta provocarme casi un desmayo por no poder respirar: “¿Que no pillas los chistes? Ahora te vas a enterar”.

Estoy tan de buen humor, pero no logro acordarme de ninguno de ellos. Propongo para dar por finalizados estos diez sueños sin sentido y divertidos que seáis vosotros los que me contéis los chistes. Prometo reírme.

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Sueños sin sentido (y divertidos) IX

¡He conseguido trabajo! Como ayudante de un cirujano en un servicio de urgencias… Creo que no voy a poder. Al principio me han contratado para redactar informes sobre las operaciones, bien. Yo lo que sé hacer es redactar, a mí lo que se me da bien es redactar, hacer redacciones, escribir palabras. Y puedo utilizar palabras como sangre, bisturí y heridas varias sin marearme. Pero a-yu-dar, estar ahí, rajar pieles, eso ya es otro cantar. El médico que me ha contratado está entusiasmado conmigo; supongo que ha habido un malentendido y que no sabe que mi formación y experiencia dista mucho de lo que está buscando. Pero yo lo veo tan contento que me da apuro contrariarlo, decirle que no tengo ni idea de lo que hay que hacer y que puedo ser un estorbo más que una ayuda.

Y así, con una bata verde y preparada para entrar en quirófano me he despertado, no puedo contaros si el paciente ha sobrevivido con mi intervención.


Sueños sin sentido (y divertidos) VIII

Las cosas que sueño… De camino a un cumpleaños he perdido el control del coche, he frenado y he hecho un trompo en una rotonda. Añado que llueve y que ya nos hemos mojado, mis niñas y yo. Como no me he chocado con nadie y pese al susto en el cuerpo, no se me ha ocurrido otra cosa que seguir, dar otra vuelta a la rotonda y dirigirme al cumpleaños. Miro por el espejo retrovisor, mis hijas están blancas como la pared, la mayor agarrada a la puerta como si la loca de su madre fuera a hacer otro trompo en cualquier momento.

 
Llego al lugar del cumpleaños y está todo cerrado; me he equivocado de lugar. La mamá de la cumpleañera tiene que recogerme. Sigo insistiendo en que llueve, mi paraguas no se abre y me engancho las mochilas como puedo mientras intento “colocarle” los chubasqueros a mis hijas. No es de extrañar entonces que, nerviosa como estoy con el susto de antes, deje las llaves dentro del coche y cierre todos los pestillos. Sí, ya lo sé, ¿cómo es posible? Pues lo es, porque no puedo abrir el coche y veo las llaves relucientes en el sitio del copiloto. También puede verlo cualquiera, incluso alguien que quiera romper el cristal y llevarse el coche.

 
En ese estado de nervios e intentando localizar a alguien (es decir, a mi marido) que me traiga otras llaves de mi casa, llego a un cumpleaños feliz de una niña de cuatro años. En mi interior sólo se me ocurre decir sapos y culebras pero estoy en un lugar lleno de niños pequeños, sandwiches de nocilla y batidos de chocolate. Respiro hondo y en ese momento hace su aparición estelar una animadora que quiere que los padres participemos en la fiesta. Y así, “cagándome en todo lo que he estudiado” y, en el colmo del surrealismo de una tarde de lluvia, me véis haciendo la ola, bailando y aplaudiendo todas las ocurrencias de la mujer payaso.

¿Sabéis? En realidad esto no lo he soñado, me pasó ayer de verdad. Y no podía renunciar a contarlo, porque a veces la realidad supera a cualquier sueño disparatado.

 


Sueños sin sentido (y divertidos) VII

Me he comprado un pisito al lado del Tex Mex. ¿Que qué Tex Mex? Ahora mismo no sabría deciros si es una tienda o un restaurante mexicano o un centro comercial o un parque temático. Pero en el sueño es un sitio muy importante, si quieres ser alguien en mi sueño tienes que conocer el Tex Mex; haber estado allí alguna vez. Así que imagináos el triunfazo de vivir al lado. Ya me puedo morir tranquila.

Voy a conocer mi piso nuevo, mi pisito que resulta estar abierto de par en par para quien quiera entrar. Vaya, no voy a tener intimidad. Pero por otro lado, está al lado del Tex Mex… ¿qué hacer? Ya sé, voy a preparar un cuarto de invitados para los visitantes, así muy mono con dos camitas y las colchas moradas. No me preguntéis por qué moradas, a mí no es un color que me entusiasme, pero en el sueño lo importante en la vida es el Tex Mex y el color morado, será porque es el color del mole y en mis sueños, acordáos, la comida sabe siempre a mole, esa salsa de la cocina mexicana a la que no me termino de acostumbrar.


Sueños sin sentido (y divertidos) IV

Una sombra me vigila, como una sombra pegada a mí. Podría parecer que he tenido una pesadilla esta noche y que he pasado miedo con la sombra que me atosiga, me sigue sigilosa y me asusta cada vez que me miro al espejo. Pero no, desde el momento en que me ha dado por mirarme al espejo la sombra se ha quedado tan sorprendida de verse que ha abandonado su intención de asustarme y perseguirme. Mejor dicho, se ha abandonado al placer del coqueteo; me ha echado a un lado para poder verse mejor y ha estado haciendo muecas frente al espejo.

Yo le he observado divertida; le he prestado mis gafas de sol y le ha encantado verse con ellas puestas. También le he dejado pulseras y collares, y hemos intentado hacerle un peinado, pero es una sombra al fin y al cabo.

– No te pongas triste sombra, vamos a disfrazarnos.

Y así hemos acabado el sueño, probándonos trajes de fiesta, jugando, bailando frente al espejo.


Sueños sin sentido (y divertidos) III

Venezuela. Hasta allí he viajado esta noche gracias a la generosidad de una editorial (desconocida). Nos han invitado a un grupo de escritores a un hotel gigantesco que se parecía a la biblioteca de Borges… pero con mejores instalaciones. El motivo: la presentación de un libro de relatos en el que participamos los escritores invitados.

¡Qué ilusión cuando he tenido el libro en mis manos! Hasta que he descubierto que mi cuento no estaba por ninguna parte. Entonces, ¿qué hago yo en este hotel de Venezuela? Paseando por los pasillos interminables de este edificio singular me he ido encontrando con personas conocidas, incluso mi madre se alojaba allí.

Y me he perdido, no sabía volver a mi habitación, de manera que me he quedado a dormir en el cuarto de Adele, que iba a dar un concierto al día siguiente, también con motivo de la presentación del libro. Lo hemos pasado bien, charlando de nuestras cosas toda la noche.


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