Archivo de la etiqueta: Tarjeta SIM

¿Queréis disparates?

¿Qué tienen que ver el robo de un móvil, una manifestación, una casa con forma de tubo, una chica que hace ropita para bebés y una cama para dormir con una colcha de flores? Pues que han salido en mi sueño todas mezcladas sin ton ni son.

Voy a intentar darles algo de sentido y, si no lo consigo, por lo menos os reís a mi costa. Porque todo ha empezado con el robo de mi móvil, y yo he estado todo el sueño (como si de un largometraje con metraje se tratara) angustiada por este fatal hecho. ¿Sabéis lo que ocurre cuándo no tienes móvil? Que no puedes llamar a nadie, que estás desconectada, que te sientes en un desierto en medio de la gente. Os parecerá una exageración, pero yo es que soy muy exagerada.

Entonces me doy cuenta de que estoy al lado de la casa de una amiga. Y decido ir a visitarla para, desde allí, llamar a alguien que venga a buscarme. Porque sin móvil me he convertido en una inútil que no puede manejarse por el mundo. ¿No será que me han robado el coche?

Antes de llegar a mi destino me cruzo con una manifestación de algo, con mucha gente y, entre los manifestantes, creo que veo a alguien con mi teléfono. Pero claro, no es el mío, porque todos tienen móviles con carcasas de colores o con banderas o con mensajes y el mío no tiene carcasa. Entonces yo sola, en medio de la manifestación, de un carnaval de teléfonos de colores, empiezo a pensar en carcasas, en tipos de móviles y en tarjetas SIM, en plan detective, para averiguar algo sobre el robo.

Llego a casa de mi amiga y es una casa tubo. Es éste un nuevo término para describir una casa en la que hay que escalar por un pared estrecha para llegar. Y cuando llegas sigue todo igual de estrecho. Es tal la claustrofobia que me entra que bajo de nuevo y me quedo en el portal. Y allí me espera una chica que me regala una caja con ropa hecha por ella,  para mis bebés ficticios, y yo veo en ella una actitud sospechosa. Creo que es la que me ha robado el móvil, pero no puedo demostrarlo. ¡Qué frustración!

Llegados a este punto de tal confusión, aislada del mundanal ruido de las ondas telefónicas, me pongo a llorar. Entonces la portera que me ve, me ofrece quedarme para siempre en una habitación que hay vacía en la portería. Cuando veo esa cama tan cómoda, con la colcha de flores pienso: “Nunca le agradeceré lo suficiente a la portera lo que ha hecho por mí”.

Anuncios

A %d blogueros les gusta esto: