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Teatro de mierda

stage

No sé si sabéis que el actor Víctor Clavijo está recitando maravillas desde sus redes durante el confinamiento. Os lo recomiendo. Anoche me quedé pensando que hay personas que han aprovechado muy bien el tiempo durante estos días inciertos y quizás por eso he soñado con él.

En mi sueño me ha decepcionado, pero vamos por partes. Un primo mío me ha conseguido una entrada VIP para ir a casa de Víctor, que ha convertido en un teatro. Es como lo que hacemos de manera virtual, asomarnos a su casa para escucharle a través de las pantallas, pero en mi sueño es presencial. La casa a reventar; los de las entradas VIP podemos acceder también a un lago que hay en la casa y bañarnos. Me encuentro a mucha gente conocida.

Ya fresquita después del baño me dispongo a ver una representación de una obra. Los protagonistas: Víctor, que se dispone a sorprendernos de alguna manera; una chica joven, con cara enfermiza; una señora mayor con mirada sospechosa; y finalmente el demonio, que disimula su aspecto embadurnado de polvos de talco blancos.

Pero los personajes  se salen del guion. La chica se tira del escenario y se rompe el cuello, la señora es una zombie que amenaza con matarnos, y el demonio comienza a soltar mierda (literal) por todo el escenario. Olor a almendra amarga. Y Víctor impávido, no se ha movido. No nos ha protegido.

Menos mal que mi primo me ha sacado de allí volando (también literal).

Siempre me  gustaron las personas  que se ríen con los ojos.

 


De collares y Miguel Bosé

¡Qué pena! Decir que has ido al teatro con Miguel Bosé y no poder añadir a continuación: “Ha sido una velada maravillosa”. ¡Qué pena! Que Miguel Bosé te invite a una tarde de teatro y estés deseando que termine todo cuanto antes. ¡Qué pesadez! Que no pare de hablar durante toda la función con el tono susurrante ese que odio tanto. O se habla o no se habla, pero eso de hablar bajito en secretito… ¡Qué barbaridad! Que a Bosé le haya dado ahora por dedicarse a la artesanía y me imparta un máster acelerado sobre piedras de colores, cueros y lazos de distintos tamaños; que si rafia, que si “cola de ratón”…

“Pero si yo oigo Cardio todos los días y cantas muy bien, no tienes necesidad de montar un puesto de pulseras y collares”. Y ahora que tiene dos niños, no los irá a llevar de pueblo en pueblo para vender artesanía. Aunque lo de las giras también tiene un “peluseo”. ¡Ay, Miguel, cállate un poquito y luego hablamos”. Pero él sigue, comentándome que las piedras más bonitas son las rojas porque dan una energía muy especial. Bueno, en eso estoy de acuerdo, el rojo me gusta mucho. “¿Y el azul francia?” Al final, más bien en la mitad de la función, nos han echado a la calle por no parar de charlar. Ahora sí puedo decir que he ido a ver una obra de teatro “de cuyo nombre no quiero acordarme”.

Tengo que reconocer que no ha sido una tarde tan desastrosa; en un café cercano al teatro hemos estado diseñando “cositas” pintadas en  servilletas de papel.


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