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Sueños sin sentido (y divertidos) IX

¡He conseguido trabajo! Como ayudante de un cirujano en un servicio de urgencias… Creo que no voy a poder. Al principio me han contratado para redactar informes sobre las operaciones, bien. Yo lo que sé hacer es redactar, a mí lo que se me da bien es redactar, hacer redacciones, escribir palabras. Y puedo utilizar palabras como sangre, bisturí y heridas varias sin marearme. Pero a-yu-dar, estar ahí, rajar pieles, eso ya es otro cantar. El médico que me ha contratado está entusiasmado conmigo; supongo que ha habido un malentendido y que no sabe que mi formación y experiencia dista mucho de lo que está buscando. Pero yo lo veo tan contento que me da apuro contrariarlo, decirle que no tengo ni idea de lo que hay que hacer y que puedo ser un estorbo más que una ayuda.

Y así, con una bata verde y preparada para entrar en quirófano me he despertado, no puedo contaros si el paciente ha sobrevivido con mi intervención.

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Qué curso ni que máster ni…

Esta noche me he matriculado en un curso, un máster, para perfeccionar mis conocimientos sobre… he sido incapaz de averiguarlo. Un curso que parecía me iba a abrir las puertas de par en par a la oferta laboral de mi vida. Pero poco a poco, pese al entusiasmo inicial, he descubierto que me estaba internando en un mundo oscuro y que todo el mundo a mi alrededor se estaba volviendo loco.

Os explico; me matriculo en un curso, esto ya os lo he dicho. Y acudo a la presentación oficial, que resulta ser una fiesta muy pija en la que tengo que ir vestida “de largo”. Os ahorro los pormenores de decidir que vestidito ponerme… Llego a la fiesta, en la que a los matriculados nos entregan una insignia, como una chapita que nos colocan en el hombro (sobre la piel). Y sólo los que tenemos la chapita (algunos sangran un poco más de lo normal) podemos entrar en una sala a recibir una conferencia del mandamás de este cotarro. Suena raro, ¿verdad? Sobre todo porque soy incapaz de enterarme de qué va el curso, cuáles son las materias que se van a impartir. Parece que poco importa porque “todo vale” con tal de encontrar el trabajo de tu vida.

A estas alturas no creáis que ya he salido corriendo de allí, todavía me estoy dejando llevar… hasta que me comunican que las clases se imparten de lunes a jueves en una ciudad distinta a la que vivo. ¿Cómo voy a dejar a mis hijas cuatro días a la semana al cuidado de otras personas, que además resultan ser empleadas de esta siniestra organización? ¿Cómo me voy a costear un piso para vivir cuatro días a la semana en otra ciudad? ¡Ah! Es que hay una residencia en la que la or-ga-ni-za-ci-ón corre con todos los gastos.

Parece que estoy metida de lleno en una secta, pero todavía me estoy planteando estudiar si al menos descubro cuáles son las materias que se imparten. Pero nada, con tal de encontrar la gran oferta laboral de tu vida… ¡Qué pesados con eso! Y yo sigo dudando, sólo decido salir de allí corriendo cuando pregunto a mis conocidos si les parece buena idea, y todos me contestan que sí, que ellos hicieron el curso anteriormente y que han encontrado el trabajo de sus vidas. ¡Abducidos, están abducidos!

Menos mal que el sueño termina con una juerga con mis amigas de la infancia comiendo pizzas. Súper juerga de pepperoni y piña con queso.

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Más loca de lo que estoy.


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