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Perdiendo cosas

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¿No habéis soñado alguna vez con que perdéis cosas continuamente? Pues yo sí, esta noche. Y a cada cosa que iba perdiendo la situación se hacía más surrealista. Menuda novedad.

He estado en una fiesta, una especie de fin de año del pasado. Quizás en vez de coger un autobús o ir en coche, he viajado a través del túnel del tiempo y me he presentado en un cotillón de esos a los que iba hace ya muuuuuchos años con gran entusiasmo. Ahora los recuerdo con cierta pereza: salir tan tarde de casa, siempre lloviendo, con vestiditos de tirantes. Sí, mucha pereza.

Supongo que a la fiesta soñada he acudido con la conciencia de mis treinta y siete años porque, pese a encontrarme sin duda en el pasado, he acudido con dos abrigos superpuestos, un bolso pequeño con lo estrictamente necesario, y zapatos planos por aquello de la comodidad.

Y allí estaba, toda mi pandilla, con las caritas de pipiolos de entonces, con las parejas de entonces, y con las borracheras de entonces. Y yo no he podido disfrutar de todo aquello porque he perdido primero mi lápiz de labios, después el bolso, más tarde un abrigo, después el otro. Surrealista ha sido llamar a la puerta del túnel del tiempo para regresar sin lápiz de labios, sin bolso, sin abrigos, sin zapatos, si vestidito de tirantes… ¿Hacía frío esta mañana, no?

 


Pipe

pipe

Mi hermano Pipe tiene cinco años en mi sueño. En mi sueño Pipe es ese niño “tirando a pelirrojo” con el pelo rizado y la cara llena de pecas, con la mirada cargada de intención, entre la pillería y las ganas de comerse el mundo.

Pipe cree que ha echado el freno de mano en esa carrera hacia el futuro, quizás porque corría muy rápido y hubo un momento en el que no sabía hacia dónde se dirigía. Pero esta noche ha vuelto a tener cinco años, se ha perdido en el túnel del tiempo y ha aparecido en mi vida como el niño que fue. Lo he acogido con ternura, como a un hijo más que como a un hermano. Y hemos andado, hemos vuelto a coger impulso.

Me sorprende haber sentido tan cercano el recuerdo de ese tiempo; le he tocado la nariz, y el pelo rizado y la mejilla llena de pecas. Y me ha pedido que le acompañe de nuevo al futuro, porque se ha perdido en el túnel del tiempo. Yo no sé tú, Pipe, pero hoy te siento más fuerte que nunca.


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