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Agosto

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En la película “Agosto”, basada en la obra homónima de Tracy Letts, el personaje de Julia Roberts le comenta a su hija adolescente: “Si conociéramos nuestro futuro, no nos levantaríamos del sofá”. Viaje en carretera, camino del entierro de su padre.

Desconozco si en la obra de teatro en la que se basa la película (duelo magistral entre Roberts y Meryl Streep, aunque me quedo con Chris Cooper), existe esta conversación o esta frase; la he recordado en numerosas ocasiones. Vivimos tranquilos, ajenos a ciertas cosas: “Si conociéramos nuestro futuro, no nos levantaríamos del sofá”.

Esta noche he soñado que tapizaba varios sofás, me he despertado agotada. Todavía tengo las manos dormidas de utilizar la grapadora, estirar telas.

Comienza agosto.

SUEÑOS RELACIONADOS:

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Que se vaya el verano

Nubes de levante

Para mantenerme a salvo. Que el viento se lleve sus falsas rutinas, pero que mantenga intacta la terraza donde escribo estas palabras. Que el viento me empuje suavemente, que me adentre en el invierno y me susurre palabras nuevas. Que termine el verano amable, pero irreal, que el viento me mantenga a salvo.

Sueños relacionados:

– La playa.

– Verano.


Verano

verano, Estrecho de Gibraltar

En el verano sueño con desgracias y con calor. Sueño con lo malo y lo peligroso. Con la desorientación que marca el paso de los días, y en la temperatura que sube y te provoca dolores de cabeza. Los personajes de mis sueños, aquéllos que osan pasar por mi subconsciente andan borrachos de sal, de colores demasiado chillones.

En fin, nombraría desgracias públicas y privadas que han sucedido en verano, pero para qué. No quiero recordar. Lo que recuerdo es que cogen a todo el mundo desprevenido, veraneando, en chanclas, desorientados. Y yo vivo con miedo de que alguna desgracia me coja desprevenida, desorientada.

Momentos; hoy he vivido un momento de equilibrio, de libertad, en el que he sentido que todo estaba en su sitio. He ido nadando en el mar hasta una gran roca, me he subido a ella, y he plantado mis pies en las conchas y las algas durante unos quince minutos. No me dolía la cabeza, y a mis pies firmes se asomaban las olas. Y ese momento que recordaré todo el invierno, claro, sólo puede ocurrir en verano.


La playa

La playa en invierno...

La tengo fechada; esta reflexión la escribí el 5 de junio de 2010: “Verano, tiempo de paréntesis y trampas. Y de descanso obligado, tiempo en el que escapas de la realidad, a veces forzosamente, para vivir tres meses de extraño letargo irreal. Un tiempo tramposo… y caluroso”. Suscribo cada palabra, no me gusta el verano, y en estas fechas, en septiembre, tendría que desaparecer ya el calor.

Esta noche he estado en una playa un tanto rara; ¿cómo iba a ser si no? Nadar entre focas negras que no salen a la superficie da un poco de reparo. Intento esquivarlas como las algas que se me enredan entre los pies. Me han dicho que las focas negras, que en mi sueño son peces negros con forma de foca, no son peligrosas. Ya, pero yo no quiero ni rozarlas. Salgo del agua y busco un lugar tranquilo en la arena, para desaparecer. Pero una niña se está ahogando; la salvo y se la devuelvo a sus padres que no me dan las gracias, que no se inmutan porque están charlando con Vittorio y Lucchino. Amablemente José Víctor y José Luis me explican que la familia de la niña es muy relajada, que no se lo tenga en cuenta: “Pero, ¿qué decís? ¿A que no se la devuelvo y llamo a Asuntos Sociales?”

No sí si han sido las focas, o el episodio con la niña que casi se ahoga, pero el mal humor se ha apoderado de mí y, cuando una amiga me invita a su casa a comer le contesto: “¡Y una …!” Es que para ir a su casa hay que nadar entre las focas kilómetros y kilómetros…

¿Cuándo se va a ir el calor?


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