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Teatro de mierda

stage

No sé si sabéis que el actor Víctor Clavijo está recitando maravillas desde sus redes durante el confinamiento. Os lo recomiendo. Anoche me quedé pensando que hay personas que han aprovechado muy bien el tiempo durante estos días inciertos y quizás por eso he soñado con él.

En mi sueño me ha decepcionado, pero vamos por partes. Un primo mío me ha conseguido una entrada VIP para ir a casa de Víctor, que ha convertido en un teatro. Es como lo que hacemos de manera virtual, asomarnos a su casa para escucharle a través de las pantallas, pero en mi sueño es presencial. La casa a reventar; los de las entradas VIP podemos acceder también a un lago que hay en la casa y bañarnos. Me encuentro a mucha gente conocida.

Ya fresquita después del baño me dispongo a ver una representación de una obra. Los protagonistas: Víctor, que se dispone a sorprendernos de alguna manera; una chica joven, con cara enfermiza; una señora mayor con mirada sospechosa; y finalmente el demonio, que disimula su aspecto embadurnado de polvos de talco blancos.

Pero los personajes  se salen del guion. La chica se tira del escenario y se rompe el cuello, la señora es una zombie que amenaza con matarnos, y el demonio comienza a soltar mierda (literal) por todo el escenario. Olor a almendra amarga. Y Víctor impávido, no se ha movido. No nos ha protegido.

Menos mal que mi primo me ha sacado de allí volando (también literal).

Siempre me  gustaron las personas  que se ríen con los ojos.

 


¿Sueño dentro de un sueño?

cárcel

Para rizar el rizo. Hoy he soñado que participaba en una gymkana. La “gymkana del terror” se llamaba. Y yo voy y participo. Pues terroríficas eran las pruebas; en un momento determinado, mi grupo, formado por tres chicas (me incluyo) y dos chicos, hemos estado a punto de morir sepultados por un edificio que se ha derrumbado. Pero hemos salido a tiempo.

Ésa era la primera prueba, la segunda escapar de una cárcel, pero no una “modelo”, sino una cárcel soñada, del estilo de las cárceles abandonadas en las que no sabes si vas a encontrarte con un zombie o con aquélla profesora que te hizo odiar las matemáticas con un exámen que no has aprobado en la mano. Hay que escapar por una ventana muy pequeña y estamos en ello cuando de repente… me empiezo a preguntar: “¿Recibí el otro día un correo de Fulanito que me mandaba a la mierda o lo he soñado?”. Mis compañeros de gymkana me esperan y yo me he quedado mirando a la ventana absorta en otro sueño: “Entonces, ¿estoy enfadada con él o no? ¿Tengo que preocuparme de alguna impertinencia cometida o es mi imaginación?”.

Mis compañeros me gritan y yo les contesto: “¿No véis que esto es un sueño y que no pasa nada si no salimos de la cárcel? Tomaros un descanso de la gymkana y daros un baño relajante en aquélla piscina”. Porque a nuestro lado aparece como por arte soñado una piscina muy mona que, eso sí, tiene el agua roja, no sé si hay que preocuparse por ese detalle.

Pero yo ando ensimismada, mirando los barrotes de la ventana, preguntándome si no habré soñado lo del intercambio de emails jurando en hebreo.


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