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La Princesa Niebla

La Princesa Niebla

Capítulo 1

Ya le advirtieron al capitán del barco que era muy peligroso navegar por aguas del Estrecho de Gibraltar, de noche y con tormenta. Lo sabía, pero era la única manera de esquivar los barcos piratas. Al fin y al cabo iban cargados de tesoros que los bárbaros iban a querer robar.

Pero el mayor tesoro que albergaba ese barco era la hija del Rey, el capitán bien lo sabía, y no quería ni pensar en la posibilidad de no llevarla de vuelta a casa, sana y salva.

De manera que tomó una firme decisión: navegarían, por las bravas aguas del Estrecho, esa misma noche, amainara o no la tormenta.

Capítulo 2

Habrían de llegar a aquel faro, aquél, antes de un mes, para dejar a buen recaudo aquellos tesoros, aquéllos, y cómo no, a la hija del Rey. ¡Ah! La Princesa de la que estaba el Capitán enamorado en secreto. Le encantaba su mirada fuerte, escondida en un cuerpo frágil. Le había enamorado esa fuerza que a veces se dejaba ver en su mirada. Quizás sólo el Capitán era capaz de intuir lo valerosa que resultaba su frágil Princesa.

De manera que tomó una firme decisión: Navegarían, esa misma noche.

Capítulo 3

Así se lo comunicó a todos los tripulantes del barco, que enmudecieron a las órdenes del Capitán. Menos firme se mostró al tener que hablar con ella, al tener que llamar a su puerta, casi en un susurro con sus nudillos. Ella tocaba el piano, ese Vals de Chopin, siempre el mismo y, sin dejar de tocar, le contestó:

–          En sus manos está mi seguridad.

Y él pensó “en sus manos, mi felicidad”.

Se dirigió a proa y pensó que le daban más miedo sus sentimientos que las grandes olas, más miedo el blanco rostro de ella que la blanca espuma del mar, bravo y atemorizador.

Capítulo 4. Naufragio.

Y naufragaron; porque era una noche de tormenta, porque las olas tenían celos del Capitán, porque las corrientes son tenebrosas en el Estrecho de Gibraltar. Esperan a los barcos como aguas tranquilas, aparentemente y, cuando se acercan, se vuelven corrientes demoniacas y succionan con un remolino a los pobres barcos indefensos.

Naufragaron porque así tenía que ser.

Capítulo 5.

Han pasado tantos años desde entonces que nadie recuerda el verdadero nombre de la Princesa. Se ha hablado mucho del naufragio y del destino de sus tripulantes; se ha hablado mucho esta historia, que en la actualidad se conoce como LA HISTORIA DE AMOR DE LA PRINCESA NIEBLA Y LA TORTUGA BOBA.

Capítulo 6. La historia de amor de la Princesa Niebla y la Tortuga Boba.

Hubo un naufragio sí, y del centro de un remolino exhaló aire la Princesa, tal era su necesidad de sobrevivir. Y con la fuerza del aire de sus pulmones pudo subir a la superficie y aferrarse a un trozo de madera del barco, recién partido en dos. Llevaba puestos veinte collares de perlas, veinte brazaletes de oro y dos pendientes de rubíes.

Hubo un naufragio sí, y del centro de un remolino exhaló aire el Capitán, tal era su necesidad de sobrevivir. Pero el mar no le dejó subir a la superficie, porque sentía celos de él, y lo hundió hasta lo más profundo del Océano para luego abandonarlo a su suerte.

Capítulo 7.

Hubo un naufragio, sí, y la Princesa sobrevivió aferrada a un trozo de madera del barco.

Sus joyas brillaban y ese resplandor llamó SU atención, la atención del Pez Emperador. El Pez Emperador vivía en las rocas de las bravas aguas del Estrecho. Era un pez tosco, salvaje y muy listo. Con su agudeza y fuerza se había convertido en el Rey de aquellas mareas con las que no pueden luchar ni siquiera los más imponentes barcos.

Cuando el Pez vio a la princesa moribunda no se percató de su mirada fuerte, escondida en su cuerpo frágil. Le llamaron más la atención las joyas que llevaba puestas: los veinte collares de perlas, los veinte brazaletes de oro, los dos pendientes de rubíes. Quiso arrebatárselos y dejarla sola en medio del mar, pero una sola mirada de ella le dejó petrificado; nunca antes había sentido algo semejante, podría llamarse amor.

Capítulo 8.

Pero, ¿cómo hacer para que la Princesa se quedara a su lado? No sobreviviría en el mar, no era su hábitat natural.

Así fue como el Pez Emperador convirtió a la princesa en Sirena y la Sirena pasó a ser su rehén perpetuo, y a ser conocida como la Princesa Niebla. Porque aprovechaba los días de bruma para salir a la superficie. No quería que nadie la viera, pero algunos marineros pudieron notar su presencia, entre la niebla. Esos días se oían en el aire denso murmullos del Vals de Chopin.

Capítulo 9.

El naufragio separó a la Princesa y al Capitán. La corriente les llevó a ella hacia el Sur, para nadar por siempre como una sirena, y a él al Norte, para vivir como una gigante Tortuga Boba.

El Capitán se hundió en lo más profundo del Océano y llegó a viajar al centro de la Tierra. Y renació, en una noche de luna llena, en forma de tortuga boba; primero pequeñita, llegó al mar, y en el mar fue creciendo, se alió con las olas que antes le habían castigado con fuerza. Ahora las olas y las corrientes le ayudaban a buscar a la Princesa por todos los mares del mundo.

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Termina este cuento y he preparado dos finales para que elijáis el que más os guste. Podéis dar vuestra opinión en la página de Sueños “disparate” en Facebook o hacer un comentario directamente en el blog. Yo también tengo mis preferencias, claro…

Capítulo 10. A.

Cien años tuvo que esperar la Tortuga para encontrar a la Princesa Niebla, para llegar a los mares del Sur y besarla por primera vez. Besarla para acabar con el hechizo del Pez Emperador y liberarla.

Cuando se vieron ella se asustó, se sintió intimidada. Pero pronto reconoció en ese gigante de caparazón color carey a alguien que le resultaba familiar, tímido, bondadoso. Él le explicó que era su Capitán y que quería rescatarla de las redes del Pez Emperador. Y la besó y otro remolino les unió con una fuerza desmedida, esta vez no para separarlos, sino para unirles para siempre, él como Capitán y ella como una bella Princesa.

Dicen que vivieron a los pies del mar, en una humilde casa construida con conchas, felices. Dicen que el Capitán pescó al Pez Emperador, y que lo doraron en una fiesta en la playa, una noche de verano, una noche de Poniente, sin atisbo de niebla.

Todos los años, cuando comienza el verano, los pescadores de la zona, descendientes de la Princesa y el Capitán, celebran una fiesta en la playa, y asan peces grandes, toscos y salvajes.

Capítulo 10. B.

Cien años tuvo que esperar la Tortuga para encontrar a la Princesa Niebla, para llegar a los mares del Sur e intentar rescatarla de las redes del Pez Emperador. Pero cien años son muchos años y, cuando la Tortuga Boba alcanzó la playa donde nadaba la Princesa, había agotado todas sus fuerzas. Una última vez pudo verla, antes de cerrar sus grandes ojos para siempre. Una última vez, a lo lejos, la vio nadar como una sirena, con sus veinte collares de perlas, veinte brazaletes de oro, los dos pendientes de rubíes.

En la actualidad, en una pequeña cala desde la que se divisa la costa africana, se produce una magia especial en los días de bruma, porque la Princesa Niebla tararea las notas de aquél Vals de Chopin. Canta para todos los náufragos que la acompañan, para todas las almas perdidas en las bravas aguas del Estrecho de Gibraltar.

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