Archivo de la categoría: Los cuentos de mamá

Érase una vez

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¿No empiezan así todos los cuentos?

Érase una vez una niña muy pizpireta que de tanto pizpiratear se quedó turuleta. Andaba esa niña de puntillas, porque a cada paso que daba se le escapaban por los pies estelas de colores que se enmarañaban.

Eran estelas azules y violetas, rojas y a veces negras. Le daba miedo a la niña pizpireta dejar escapar tantos colores de su cuerpecillo, cada vez más delgado por quedarse sin estelas.

Hasta que fue descubriendo que los colores, aunque rebeldes y huidizos, la acompañaban. Se acostumbró a su externa presencia y comenzó a jugar con ellos. Los convirtió en palabras; con la A del azul y la R del rojo bien atados a su cintura la niña llegó a liberar incluso estelas de colores fluorescentes, y trenzó las cuerdas de colores y compuso, desmadejando colores, cuentos y relatos. Ya no andaba de puntillas, para cogerlos al vuelo saltaba.

La niña creció y pasó de ser pizpireta a curiosa e inquieta. Desenredados los hilos de colores tejió su propia historia y, mezclando colores, tuvo a sus hijos, que van andando torpemente de puntillas porque todavía no se han acostumbrados a sus estelas.

La mujer curiosa e inquieta vive en el centro de sus hilos de colores, estelas que se desordenan con mucha facilidad, tanto que a veces la hacen tropezar.

Pero ella, con la paciencia que le ha otorgado el oficio, sigue desmadejando cuerdas, y las convierte en palabras y se las ata con empeño en la cintura, para quedar justo en medio de ellas y, cuando llegue el momento de la despedida, utilizarlas para coger impulso y entonces saltar, saltar.

 

 

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Preguntas (Querida Lola IV)

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Querida Lola:

¿Qué quieres hacer con todas la preguntas que te haces? No tienen respuesta. Pero las preguntas están ahí, son nuestra razón de ser. Acaso nos las hacemos como instinto de supervivencia.

¿Qué quieres hacer con esas preguntas? No obtendrás de ellas respuestas, pero puedes moldearlas para hacer una obra de arte, que es y será tu vida. Estíralas, dales calor, déjalas solas en el frío de la noche. Volverán a ti pese a estar congeladas. Conviértelas en cristal, y en palabras. Rómpelas, se componen de nuevo solas. Tú y yo necesitamos un “¿para qué?”, un “¿merece la pena?”. No vamos a obtener respuestas. Pero podemos hacer muchas cosas con esas preguntas, no sólo buscar las respuestas. Las preguntas son el motor de tu creatividad. ¿Qué quieres hacer con esas preguntas?

Yo te aconsejo: grítales, no les tengas miedo, bébetelas y saciarás tu curiosidad. Luego se convertirán en lluvia y volverán a ti, porque eres una persona creativa y curiosa.

Moldéalas y ahora… relájate y disfruta.

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Lola dice

Lola dice que el arte es una palabra sin letras.

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Querida Lola III: La cuerda

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Querida Lola:

Aunque no te lo creas, te voy a tejer una cuerda para que te alejes de mí. Acabas de cumplir doce años y ha llegado el momento de que mamá comprenda tu incomprensión sobre lo poco que te comprendemos.

Es una cuerda trampa, está hecha a base de límites que ahora te contrarían, y de una lista de cosas que no te dejamos hacer, o tener. Se cose con todas esas explicaciones que te da mamá y que tanto te cansas de escuchar, pero que tanto demandas. A medida que la cuerda va tomando forma, y gana en longitud, más te alejas, pero agarrada a la cuerda.

De esa forma, cuando quieras volver, sólo tendrás que tirar de ella, hecha a base de los límites que ahora te parecen excesivos, y los premios, nunca suficientes para tu mente preadolescente. No puedo dejar de tejer la cuerda; a veces me gustaría romperla para volver a acercarme a ti, para borrar de un plumazo la distancia. Pero sé que te alejarías igual, y luego no tendrías cuerda con la que volver, si quisieras hacerlo.

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La puerta del Ratón Pérez (Cuentos “disparate”)

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En la familia del Ratón Pérez todo está preparado para el nacimiento de un nuevo ratoncito. La sorpresa es mayúscula cuando descubren que sólo tiene tres patas. Pese a las dificultades del ratoncito, gracias a nuestro protagonista y a una puerta, conseguirá ser uno de los mejores ratones “recoge dientes”.

A Martina se le cayó su primer diente un día soleado, martes. Se acuerda perfectamente; de que era un martes soleado y de que había hecho un examen de cálculo por la mañana y había jugado al pilla pilla por la tarde.  Se acuerda de todo porque ese día ocurrieron unos hechos curiosos que ahora vamos a contar. Esa noche Martina preparó muy bien el diente, su paleta izquierda, para que viniera el Ratón Pérez a recogerlo y le dejara, a cambio, algunos euros de regalo.

No le faltó ningún detalle: La paleta metida en una bolsita, harina para que el Ratón dejara su huella, un poco de queso y una carta escrita para él. Y se durmió profundamente, y soñó con el Ratón Pérez, el mundo de los ratones y todo lo que allí ocurría.

En el gran palacio construido con dientes, esmaltados, también blancos inmaculados, iba a nacer el hijo del gran Ratón Pérez, nieto de Don Ratón Pérez, bisnieto del Ratón Pérez y tataranieto del inolvidable Ratón Pérez. (…)

Si quieres saber qué ocurre no dudes en visitar CUENTOS “DISPARATE”  o enviarme un correo a una de estas dos direcciones: cgm_1999@yahoo.com  / cristinagmontero@cuentosdisparate.es y encargar un cuento personalizado.

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Las manos de Martina

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Las manos de Martina desprenden una energía especial. Cuando te toca notas electricidad, suave, amable. Le encanta hacer masajes porque es consciente del “poder sanador” de sus manos. Las manos de Martina son pequeñas, todavía no se notan los huesos metacarpianos.

Y esa forma de sus manos hace que tenga una manera especial de manipular los objetos. Me encanta ver a Martina cogiendo un lápiz, señalando la hoja por la que va cuando lee un libro, estirándose con fuerza la coleta del pelo. Martina no te toca, siempre te acaricia, porque sus manos desprenden electricidad suave y amable y ella es consciente de ello.

Martina pinta con sus manos.

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Martina lee a Alberti.


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