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Imagina

Hoy os voy a contar sueños de otras personas. Ayer dos amigos míos, que no se conocen entre sí, hicieron algo juntos, soñar e imaginar. Me conmovieron, y eso que yo soy dura para estas cosas.

Ayer se pusieron a imaginar lo que harían cuando salgan de casa y termine esta pesadilla. Es algo sencillo, me apunto a ambos planes. Él se imagina, me lo cuenta su mujer, yendo a Tarifa, “comer en familia y tomar una copita en el chiringuito blanco que hay a pie de playa, y que los niños estén por allí danzando”.

Ella tuvo un sueño: “Un sueño que deseo con todas mis fuerzas; que estaba en el parque rodeada de niños”.

Samara y Antonio, hoy os dedico este “Imagina”. Gracias por conmoverme.

 


Dormir

Si llego a saber el día que iba a tener hoy no me levanto. Mis problemas siguen siendo, gracias a Dios, cotidianos, pero hoy ha sido uno de esos días…

Pero vamos a pensar en positivo, en mi cama. No sabéis lo que me gusta mi cama; bueno, a alguno ya se lo he contado. Estoy enamorada de mi cama. Es como una nube, blanca, con el edredón de plumas, con la funda blanca, sábanas blancas (no creo que pudiera dormir bien en sábanas de color), es amable, gustosa, el lugar donde leo antes de dormir, el lugar donde desconecto porque duermo como un bebé. Y las almohadas que se acoplan perfectamente a mi cabeza, a mi cuello.

Tengo esa suerte, duermo genial. Solo faltaba, si no no podría contaros mis sueños. Hay personas que me preguntan si con los sueños que tengo, y pesadillas, descanso bien. En esa cama que me espera paciente todo el día… duermo y comienzo el viaje.

Hoy he soñado que estaba en este escenario brindando, por cierto. Creo que me voy a acostar en cuanto termine este post. Ciao!


Madrid

Hoy he vuelto a soñar con Madrid. Paseaba por sus calles, rememoraba conversaciones y, entre palabras y paseos, las palabras pronunciadas allí y el asfalto de allí, recordaba quién soy en realidad.

Sueño recurrente con la salvedad de que no me deja mal sabor de boca. Antes eran sueños que me producían nostalgia, ahora me reafirman. Y allí está Madrid y algún día volveré.


Humo

Se diría que no fumo (de vez cuando un pitillo) porque me sienta verdaderamente mal, a corto plazo. Enseguida me duele la garganta, me marea… no me sienta bien.

Dejando de lado que es nefasto para la salud, me encanta fumar. Y esta noche he soñado que fumaba y que el tabaco no tenía sabor. Ni sabor, ni olor, pero sí el humo penetrando en mis pulmones, a cámara lenta.

humo


Cucurrucucu, no llores

Desde que me di cuenta de que lo único que tenemos son la preguntas, ya no me hago demasiadas preguntas. Todas las contesto con la misma respuesta: “No lo sé”. No lo voy a averiguar, no en este mundo.

Ayer estuve en la playa, tenía los pies en alto en un mar verde y estuve pensando en ello. Un buen baño que me recordó varias reflexiones: Quizás (“no lo sé”) somos producto de la educación que recibimos, pero la educación es lo más voluble que tenemos cuando somos adultos, ésa se puede cambiar. Somos producto de la cultura y generación que hemos vivido, ésas son más difíciles de desincrustar. Y somos animales de impulsos, aunque a mí las emociones me gusta canalizarlas y darles un sentido intelectual. Somos seres sociales, y culturales. Pretender algo más es puritita soberbia.

“¿Y ya está?”. Me dio cierto vértigo no sentir vértigo. Y como tal, soñé con el vértigo. Me dio vértigo la nada, y me acordé del paso del tiempo y de ti papá. ¿Cómo se vive sin padres? ¿Y sin hermanos? ¿Y con tanto pasado? Y cogí todo ese pasado y visualicé la imagen de un viejo marinero, con una pulsera de cuerda en la muñeca gastada por el mar. Y se me pasó el vértigo. Te voy a regalar una pulsera con alguna concha de las que rescato en mis mejores baños.

Estoy escribiendo estas palabras y te tengo frente a mí, y escucho la versión de Caetano Veloso de “Cucurrucucú, paloma” para Hable con Ella. A ti que te gusta Almodóvar; te la dedico. No llores.

Vamos a saborear el salitre de la pulsera. Cuando más gastada esté, mejor.


Querido Dios II

querido Dios

Ya lo sabes, qué te voy a decir, las verdades no existen en este mundo, sólo las creencias. Mientras no quieras regalarme la fe, esa que tiene consistencia de humo y que cada vez veo menos, me siento una intrusa a tu lado.

Nuestra relación debe estar basada en la libertad, en la de elegirte, y siempre ha habido un halo de conveniencia entre nosotros. No es culpa tuya, pero he tenido siempre la sensación de que no me relaciono contigo porque quiero si no por miedo al castigo. Y yo no quiero que nuestra relación sea así. Quiero elegirte porque sí, porque te quiera libremente. Y si no va a ser así, doy un paso atrás, ojalá no sea definitivo, pero me parece muy hipócrita estar contigo por conveniencia, por asegurarme un lado en el cielo.

Necesito saber, no me taches de vanidosa, cómo actuar sin ese condicionante siempre detrás. Premio – Castigo; no está mal para educar a un niño, pero como adulta ya no me vale. No me taches de soberbia, de querer anteponer las necesidades del ser humano, de querer descubrir mi potencial andando sola. Sólo tú sabes que esto no es pasajero, llevo mucho tiempo esforzándome por quererte de verdad, pero hay algo artificial que se interpone entre nosotros.

Me da un poco de vértigo sentir ahora cierto desamparo. No me enfrento a ti, mis hijos espero seguirán a tu lado. Yo voy a dar un paso atrás, ojalá no sea definitivo.

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