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Cucurrucucu, no llores

Desde que me di cuenta de que lo único que tenemos son la preguntas, ya no me hago demasiadas preguntas. Todas las contesto con la misma respuesta: “No lo sé”. No lo voy a averiguar, no en este mundo.

Ayer estuve en la playa, tenía los pies en alto en un mar verde y estuve pensando en ello. Un buen baño que me recordó varias reflexiones: Quizás (“no lo sé”) somos producto de la educación que recibimos, pero la educación es lo más voluble que tenemos cuando somos adultos, ésa se puede cambiar. Somos producto de la cultura y generación que hemos vivido, ésas son más difíciles de desincrustar. Y somos animales de impulsos, aunque a mí las emociones me gusta canalizarlas y darles un sentido intelectual. Somos seres sociales, y culturales. Pretender algo más es puritita soberbia.

“¿Y ya está?”. Me dio cierto vértigo no sentir vértigo. Y como tal, soñé con el vértigo. Me dio vértigo la nada, y me acordé del paso del tiempo y de ti papá. ¿Cómo se vive sin padres? ¿Y sin hermanos? ¿Y con tanto pasado? Y cogí todo ese pasado y visualicé la imagen de un viejo marinero, con una pulsera de cuerda en la muñeca gastada por el mar. Y se me pasó el vértigo. Te voy a regalar una pulsera con alguna concha de las que rescato en mis mejores baños.

Estoy escribiendo estas palabras y te tengo frente a mí, y escucho la versión de Caetano Veloso de “Cucurrucucú, paloma” para Hable con Ella. A ti que te gusta Almodóvar; te la dedico. No llores.

Vamos a saborear el salitre de la pulsera. Cuando más gastada esté, mejor.

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Querido Dios II

querido Dios

Ya lo sabes, qué te voy a decir, las verdades no existen en este mundo, sólo las creencias. Mientras no quieras regalarme la fe, esa que tiene consistencia de humo y que cada vez veo menos, me siento una intrusa a tu lado.

Nuestra relación debe estar basada en la libertad, en la de elegirte, y siempre ha habido un halo de conveniencia entre nosotros. No es culpa tuya, pero he tenido siempre la sensación de que no me relaciono contigo porque quiero si no por miedo al castigo. Y yo no quiero que nuestra relación sea así. Quiero elegirte porque sí, porque te quiera libremente. Y si no va a ser así, doy un paso atrás, ojalá no sea definitivo, pero me parece muy hipócrita estar contigo por conveniencia, por asegurarme un lado en el cielo.

Necesito saber, no me taches de vanidosa, cómo actuar sin ese condicionante siempre detrás. Premio – Castigo; no está mal para educar a un niño, pero como adulta ya no me vale. No me taches de soberbia, de querer anteponer las necesidades del ser humano, de querer descubrir mi potencial andando sola. Sólo tú sabes que esto no es pasajero, llevo mucho tiempo esforzándome por quererte de verdad, pero hay algo artificial que se interpone entre nosotros.

Me da un poco de vértigo sentir ahora cierto desamparo. No me enfrento a ti, mis hijos espero seguirán a tu lado. Yo voy a dar un paso atrás, ojalá no sea definitivo.

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He matado a Pablo Alborán

pablo

Lo sé, soy lo peor, pero ha sido mi subconsciente. A mí me gusta Pablo Alborán, pero sobre todo a mi hija Martina, que lo escucha a todas horas. Nos ha pedido que le regalemos por su cumpleaños un reproductor de CD (personalidad a tope) y se pone su CD de Pablo cuando hace dibujos, cuando se ducha… all day.

No es que yo sea la fan número 1 de Pablo Alborán, pero a base de escucharlo a través de Martina canturreo varias canciones suyas que me van gustando. Aún así esta noche lo he matado… no literalmente, si no que en mi sueño ha fallecido por sorpresa de un paro cardíaco.

Pablo Alborán a todas horas + electrocardiograma que me tengo que hacer = sueño que muere de un infarto. Me veo en mi sueño, sentada en el suelo al escuchar la noticia, pensando en cómo se lo voy a contar a mi hija.

Peeeeero, como en todo sueño e irrealidad que se precie, hay una solución. Puedo salvarle la vida. Para ello tengo que entrar en un parque de atracciones enorme y realizar varias pruebas tipo gymkana.

Siento animadversión, por ser fina y elegante y no decir otra cosa, por los parques de atracciones, y no os digo nada por los juegos de pruebas y demás. Soy nula. Pero hay que salvarle la vida a Pablo Alborán sí o sí. Para superar las pruebas me acompaña Risto Mejide que se va a convertir en mi mejor amigo.

¿Queréis una explicación de por qué Risto? No la tengo. De verdad que no. Pero como he soñado con él hoy me cae mejor que ayer y peor que mañana. Mejor amigo, casi nada. Menos mal, porque las pruebas son dificilísimas y él me ayuda. El parque está vacío, es algo siniestro, y tengo que manejar yo sola una montaña rusa… eso sí mola.

Al final me dan una entrada para ir al cielo y traerme a Pablo de nuevo a nuestro mundo, sano y salvo.

He matado a Pablo Alborán, pero también lo he salvado.

 

 

 

Fuente de la imagen: PRNoticias

Los sueños de otros II

comendador

Cuando leo libros, me fijo en los sueños que relatan los personajes a través de sus autores. Nunca me parecen, sean escritores de lo más renombrado o que me chiflen, que consigan ser creíbles. Ya sé que mis sueños son increíbles, pero esa particularidad es la que los hace reales, porque lo son.

Utilizan los escritores los sueños para explicar ciertas situaciones, pero hacen uso ilícito. Nunca están a la altura de mis expectativas. Siento, pese a estar disfrutando con la calidad de quien escribe que, cuando llegan a describir un sueño, se transforman en escritores mediocres.

Me dije a mí misma: “Cuando encuentre algo medianamente de mi gusto, lo plasmaré en el blog”.

Hace poco, en “La muerte del comendador” de Murakami, encontré algo que me convenció. Me medio convenció. Y eso que con Haruki Murakami, del que ya os he contado que me encanta, me pasa igual que con el resto, creo que no describe bien los sueños de sus personajes. Pero en esta ocasión describe una situación que me convence.

Ahí va:

Tuve un sueño breve, vívido, claro, pero aparte de eso no retuve nada en la memoria. Lo único que recordaba era su claridad, su viveza. Más que un sueño me parecía un trozo de la realidad metida dentro de un sueño por error. Cuando me desperté, había desaparecido sin dejar rastro, como un animal veloz en plena huida.

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Tiempos II

Tomando notas en el mes de abril en mi agenda, cuando en realidad estamos en mayo. Son pequeños despistes, cada vez más frecuentes, porque el cansancio se apodera de mí.

Cansancio físico, y mental, aunque hay una tercera vía dentro de mí (¿la llamamos vía?) que sigue intacta. Intacta. Descansada.

Ese lugar recién descubierto que equilibra los tiempos. Aquél que me mantiene en el presente. Os lo dije, abrí la puerta de par en par y no se está mal allí.

No tengo mucho tiempo para acudir pero las puertas están abiertas.

Se vive bien en el presente.

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Tiempos.


Aceptamos barco

-“¿Cómo animal acuático?

– “Siiiiii”.

Siempre me acuerdo del anuncio de Scattergories cuando veo y escucho los discursos de los diferentes partidos políticos después de las elecciones.

Y hoy no ha sido una excepción. Por lo menos me acuerdo del “aceptamos barco” y me río un poco.

Anoche me quedé hasta tarde viendo la tele… y esta noche he soñado con barcos.


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