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Sexo en susurros

Desabrocha tu camisa azul marino para que ponga mi mano en tu pecho. Y el beso me lo das en el cuello.

En los sueños me quieres como a mí me gusta. Y luego te lo susurro y lo haces realidad.

Dirige mis manos hacia donde quieras, porque hoy he soñado que las yemas de mis dedos producían electricidad. Y la electricidad ha viajado hacia allí, que me está esperando para dar paseos interminables por su calles, los dos de la mano, y la noche que no acaba.

En los sueños los susurros apenas se escuchan, somos ciegos y sordos, pero la piel está atenta. Y estamos solos, y tenemos todo el tiempo del mundo.


Imagina

Hoy os voy a contar sueños de otras personas. Ayer dos amigos míos, que no se conocen entre sí, hicieron algo juntos, soñar e imaginar. Me conmovieron, y eso que yo soy dura para estas cosas.

Ayer se pusieron a imaginar lo que harían cuando salgan de casa y termine esta pesadilla. Es algo sencillo, me apunto a ambos planes. Él se imagina, me lo cuenta su mujer, yendo a Tarifa, “comer en familia y tomar una copita en el chiringuito blanco que hay a pie de playa, y que los niños estén por allí danzando”.

Ella tuvo un sueño: “Un sueño que deseo con todas mis fuerzas; que estaba en el parque rodeada de niños”.

Samara y Antonio, hoy os dedico este “Imagina”. Gracias por conmoverme.

 


Me sigues gustando

Me sigue gustando escribir, me sigue gustando respirar y soñar; contaros mis sueños, ya sabéis, que no anhelos, sino relatos, palabras que se componen primero en mis entrañas y luego salen a través de la yema de los dedos.

Anoche no me podía dormir, demasiada información y poca capacidad de análisis. Y dudas; me quería meter en la cabeza de mis tres hijos para intentar comprender cómo están pasando estos días en los que no salimos de casa. Empeñada yo, en leerles la mente cuando no hay necesidad.

Pero al final me he dormido; y mi subconsciente me ha dado una tregua. A veces se porta mal conmigo, pero hoy ha sido bueno y me ha trasladado de nuevo al concierto de Depedro al que fui en diciembre. Ese concierto, que viví con dos amigos que me alegran la vida, se ha convertido en algo muy simbólico para mí por varios motivos, que se resumen en un “fui porque me dio la gana” que para mí es muy importante.

Todo llegó a través de la canción que comparto con vosotros, de escucharla en bucle y poder tararearla en el concierto y que hoy he cantado también en mi sueño.

Volveremos a irnos de concierto.


Los sueños de otros II

comendador

Cuando leo libros, me fijo en los sueños que relatan los personajes a través de sus autores. Nunca me parecen, sean escritores de lo más renombrado o que me chiflen, que consigan ser creíbles. Ya sé que mis sueños son increíbles, pero esa particularidad es la que los hace reales, porque lo son.

Utilizan los escritores los sueños para explicar ciertas situaciones, pero hacen uso ilícito. Nunca están a la altura de mis expectativas. Siento, pese a estar disfrutando con la calidad de quien escribe que, cuando llegan a describir un sueño, se transforman en escritores mediocres.

Me dije a mí misma: “Cuando encuentre algo medianamente de mi gusto, lo plasmaré en el blog”.

Hace poco, en “La muerte del comendador” de Murakami, encontré algo que me convenció. Me medio convenció. Y eso que con Haruki Murakami, del que ya os he contado que me encanta, me pasa igual que con el resto, creo que no describe bien los sueños de sus personajes. Pero en esta ocasión describe una situación que me convence.

Ahí va:

Tuve un sueño breve, vívido, claro, pero aparte de eso no retuve nada en la memoria. Lo único que recordaba era su claridad, su viveza. Más que un sueño me parecía un trozo de la realidad metida dentro de un sueño por error. Cuando me desperté, había desaparecido sin dejar rastro, como un animal veloz en plena huida.

Sueños relacionados:

 

 

 

 


¿Por qué soñamos?

porquesonamos

No tengo ni idea, pero tampoco me importa demasiado, ya lo sabéis. Hay muchas teorías y libros escritos al respecto, con mayor o menor argumentación científica, con mayor o menor literatura. Pero qué bien que soñamos.

¿Y por qué soñamos lo que soñamos? También hay muchas teorías. Yo tengo mi propia idea al respecto, basado en mi experiencia. A mí me gusta pensar que me desdoblo, y por las noches mi subconsciente, del que os hablo a menudo (todavía no le he puesto nombre) manda. Y nada más, y nada menos.

Mi subconsciente es más atrevido que yo, menos educado. Macabro, es una serpiente que recorre mi piel y conoce cada uno de sus pliegues. También conoce como nadie mi cerebro, todos sus pasillos y puertas. Es un subconsciente excitante y me regala todas las historias que os cuento, todos los sueños, a cambio de otorgarle libertad.

Le dejo hacer todo lo que quiera, todo lo que quiera. Viaja, se desnuda, cambia de sexo, edad, llora, tiene orgasmos, me asusta, me cuida, me trae de vuelta voces y hogares perdidos. Se mueve como una serpiente.

Me encanta soñar.

 


Relojes de pared

relojes

Con lo que me gustan los relojes de pulsera por un lado, y por otro los espejos de Sol para colgarlos en la pared. Pero no los relojes de pared. Pero se ha debido producir un cortocircuito en mi cerebro esta noche: reloj, pared, espejo, Sol, ¿me quito el reloj y lo cuelgo en la pared?

Esta noche me he dedicado a taladrar mis preciosas y recién pintadas paredes blancas para colocar relojes por todas partes. Y conforme iba colocando clavos con mi súper martillo (me encantan los martillos, pero no tanto como los destornilladores), la casa se iba haciendo cada vez más pequeña. Siempre agrando los espacios con los que sueño a cada paso que doy, pero en esta ocasión mi casa se ha reducido a un cuartito, una habitáculo que recordaba a los camarotes de los trenes. Y yo tan contenta, ordenando y colgando relojes de pared.

Es la hora.


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