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Madrid

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No sé por qué vuelves siempre Madrid a mí. Deberías mantenerte lejos, exactamente a la distancia en kilómetros que nos separan. Pero te cuelas en mis sueños y tus calles, dulcificadas por mi subconsciente, aparecen como fotografías repetidas.

Tengo sueños recurrentes, ya lo he comentado más de una vez, pero son recurrentes algunas temáticas, sensaciones, elementos como el agua, la sangre, el color azul Francia. Nunca se repiten escenas o fotografías, menos cuando sueño con Madrid. Madrid es un sueño que se repite.

Y hay dos lugares que vienen a visitarme para recordarme que Madrid ya no me pertenece. En realidad no existen; o son una versión alterada de lugares que sí existen. A veces observo el principio de Paseo de La Habana, a lo lejos, y lo que observo es un bulevar, pero acristalado. Todo es puro cristal, y puedo ver a través de él. No me muevo.

Otras veces estoy en Gran Vía y subo a un escarpado campanario de alguna Iglesia, no recuerdo que haya nada parecido por allí. A veces es una Iglesia, otras un castillo, pero sé que accedo por Gran Vía y que subo por una escalera de piedra; por algunos recovecos se cuela una hiedra.

Cristales y piedra. Y tú ya no me perteneces y yo quiero pisarte de nuevo.

 

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Mi primo Javier

 

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Tengo sueños recurrentes. Sueño con el miedo que toma forma, y con el agua que a veces me ahoga y otras me devuelve la vida. Sueño con serpientes, y con casas y pasillos interminables, de manera recurrente.

También hay personas que aparecen y desaparecen en mis sueños y uno de ellos es mi primo Javier. Curioso, teniendo en cuenta que en nuestra edad adulta hemos coincidido en contadas ocasiones. Vive fuera de España y en los últimos años, muchos, puedo contar con los dedos de una mano las veces en las que hemos hablado.

Pero aparece de manera intermitente en mis sueños, siempre para calmarme. Pocas conversaciones recuerdo haber tenido con él en estos encuentros. La última vez que nos vimos me contó como le había fabricado a sus hijas mayores unas cunas de madera. Y cuando rememoro estas conversaciones de manera consciente lo visualizo a él con una voz calmada, con un tono casi susurrante. Por esa razón quizás mi subconsciente ha guardado su recuerdo como un recurso al que acudir cuando en una de mis pesadillas necesito calma. Curioso.

Cuando era pequeña tenía auténtica devoción por su hermano mayor, mi poeta favorito, por lo que aparece Javier en mis recuerdos en un segundo plano, allí, siempre calmado. Y yo, que aspiro más a la tranquilidad que a la felicidad, debo tener muy bien aleccionado a mi subconsciente, que me lo trae de vuelta cuando, en mis sueños, necesito alguien que me ponga la mano en el hombro y me diga: “Tranquila”. Así ha sido la última vez.

Querido Javier, te tengo muy presente. Curioso que haya escrito este sueño escuchando fados.

 


No es que sueñe

Por las noches no sueño, en realidad me traslado a otro lugar y luego os cuento donde he estado.

Mi subconsciente, mi compañero, al que temo en ocasiones por su lado perverso, desconocido, me abre una puerta justo cuando entro en la fase REM del sueño. Me invita a entrar y NUNCA puedo resistirme, NUNCA le digo que no. No sé lo que me espera al cruzar la puerta, pero yo entro, y viajo y sueño.

No es que sueñe, voy dando pasos guiada por mi subconsciente. Al principio el horizonte es negro, pero a cada paso que doy va cambiando el panorama de color, de olor, a veces hace frio y otras calor. Muchas veces voy moldeando espacios cerrados, casas, puertas, pasillos. Otras veces vuelo en cielo abierto. El mar siempre a mis pies, no puedo evitar sumergirme en él para respirar con mis branquias.

No es que sueñe, tampoco duermo.


Inseguridad

Maldita seas. Inseguridad que atenazas mis dedos incapaces de escribir a su antojo. Paralizas la sangre que se mueve lentamente por mis venas, haciéndome notar ese vaivén en mis pesados brazos. Maldita seas inseguridad, que me haces pedir disculpas. Yo te reto, y recupero el control de mis manos, y te robo las palabras, y me las quedo.

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Maldita seas.


Lo que me gusta

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Hay muchas cosas que me gustan, y otras que no. Hay cosas que me gustan y me hacen gracia, me caen bien ciertas personas, me inspiran ciertos paisajes y me animan ciertas cosas que forman parte de un imaginario personal que adopto como “cosas mías”. En la mayoría de los casos son cosas que no he tocado, que no he vivido ni conocido, pero me gustan.

Me gusta la danza de los derviches giradores turcos. Me relaja pensar en esa absorbente danza y meditación de la que no he sido testigo nunca. Y me gusta Arda Turan; me lo imagino no solo haciendo pases imposibles, si no también vestido como un danzarín sufí dando vueltas sobre sí mismo.

Me gustan las cámaras de fotos Polaroid, siempre me han gustado, y no ahora que están de moda recuperadas por los nostálgicos hipster. Tengo una pared en mi casa desnuda, esperando ser vestida por un collage de fotos hechas con una cámara Polaroid. Me encantan los collages, quien me conoce bien sabe que he sido única forrando carpetas con collages, o creando sobres para escribir cartas. Y ahora aprovecho para hacer collages con restos de esas cartas de siempre, con marcos de plata, con espejos, fotos…

Aunque nunca he estado, si me preguntan por mi paisaje favorito, es claramente el de las montañas tibetanas. Cuando me voy a dormir suelo imaginarme volando por allí. Y me gustan los niños pequeños con gafas, me caen muy bien. Y me encanta la textura, que no he tocado, de los muñequitos verdes (Curris) que vivían en las cuevas de Fraggle Rock. Y la voz chillona de la niña de las trenzas de Barrio Sésamo.

Me encantan el frío y la nieve, y el silencio. Y me gusta repetir palabras y frases. Digo varias veces seguidas, en voz alta: “Mi pie izquierdo, mi pie izquierdo, mi pie izquierdo”. Me gustan los osos polares porque fueron proclamados en peligro de extinción el año que yo nací. Me gustan los camaleones, me caen bien. Cuando era pequeña un niño mayor me enseñó uno, luego el niño murió, y sus padres seguramente no saben que yo lo recuerdo enseñándome el camaleón. Su hermana me enseñó a fumar. Me gusta fumar, pero no fumo. Me gusta el color Azul Francia.

Hay muchas cosas que me gustan, y otras que no. Pensar en las cosas que me gustan me divierte y me hace feliz.

Y a ti, ¿qué te gusta?


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